No puedo negarlo, soy un fanático de las series. Desde que descubrí Netflix prácticamente he dejado de ver televisión tradicional. De hecho, la única vez que no lo utilizo es para acceder al servicio de paga de Amazon, que es muy similar.

También me gusta hurgar entre las profundidades del inmenso catálogo donde he encontrado varias joyas; en este caso un gran documental producido por la desahuciada cadena estatal estadounidense PBS y que se llama “Prohibition, producido por el multipremiado Ken Burns.

El documental, que dura la friolera de tres capítulos de hora y media cada uno, hace un recuento de las causas, la implementación y las consecuencias de la decimoctava enmienda de la constitución de Estados Unidos que prohibió, de forma determinante, la producción, distribución, venta y consumo de bebidas alcohólicas en ese país.

Para resumir las casi seis horas de documental: en Estados Unidos tenían un grave problema de adicción al alcohol cosa que hizo que las más afectadas (las mujeres madres, esposas e hijas de alcohólicos) se movilizaran para limitar la venta de alcohol; esta iniciativa fue secundada y apoyada por los sectores más conservadores y religiosos del país.

Hay que decirlo, existía una verdadera razón de preocupación por la gran cantidad de vidas afectadas y perdidas por causa la bebida.

El movimiento no tardó en transformarse en un asunto político que terminó en un Poder Legislativo que, moviéndose de acuerdo al sentir de la época, terminó aprobando una enmienda constitucional que prohibía la bebida.

Fue en ese momento cuando la Caja de Pandora fue abierta.

Tráfico ilegal de bebida, contrabando, fabricación clandestina de licores (en algunos casos no aptos para el consumo humano), creación de imperios criminales, surgimiento de líderes mafiosos, lucha por la hegemonía de territorios y mercados, corrupción policíaca y gubernamental… todo esto enmarcado por una gran violencia y un flujo de alcohol que nunca pudo ser detenido.

La gente seguía bebiendo, los volúmenes de consumo se incrementaron, los “terrores” del alcoholismo se multiplicaron y una ola de crimen se desató.

La serie analiza todos los elementos de la historia desde un punto muy humano; ¿qué es lo que lleva a una persona a romper la ley? ¿por qué una persona que respeta las instituciones no duda en olvidarse de todo sólo para tomar un trago?

Las conclusiones a las que llega la reflexión aterrizan del lado de la moralidad y la libertad personal: no es posible legislar cuando una persona no está dispuesta a respetar la ley por razones personales. No todos pensaban en esa época que el licor era malo y muchos tenían la seguridad que el gobierno no tenía nada que hacer en cuanto lo que uno decidiera consumir.

El segundo factor involucrado es el de la oferta y la demanda: la gente exigía bebida; proporcionárselas era muy redituable. Mucha gente vio esta posibilidad como una salida de la pobreza y el acceso a una vida mejor. Estaban dispuestos a sacrificar su seguridad y poner en riesgo su vida a cambio de lograr un cambio.

Finalmente, la Prohibición fue derogada a cambio de leyes estrictas respecto a la fabricación, venta y consumo de alcohol. Medidas que ayudan a limitar el abuso tanto en la forma que se distribuye como se consume.

Por supuesto tampoco podemos olvidar el muy redituable asunto de los impuestos: las bebidas alcohólicas representan una parte muy importante de los dineros del gobierno.

Sin duda alguna una gran lección histórica.

De forma continua -y muy dolorosa- cuando miraba la manera en que el documentalista retrataba la estela de violencia, corrupción, degeneración y crimen que generó la Prohibición me acordé mucho de este pobre país.

¿Seguiremos aplicando las mismas políticas que, luego de décadas, han demostrado no ser efectivas? ¿Seguiremos pensando que criminalizar sustancias y consumidores es la mejor forma de atacar un problema?

Creo que es momento de aprender de la historia, y analizar seriamente las alternativas.

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