Si el lector ha caminado por la acera del Eje Central frente a las plazas de la tecnología, en las cercanías del entronque con las calles Juarez y Madero, sabrá de lo que estamos hablando.
Decenas de puestos en los que se venden miles de teléfonos de todo tipo; tal vez el único común denominador de todos estos equipos sea el hecho de que son de “segunda mano” eufemismo que todo mundo parece aplicar para ocultar la realidad: son equipos robados.
Esta zona es tan sólo uno de los múltiples puntos donde terminan los teléfonos que son robados en las calles de la Ciudad de México. Exhibidos en estanterías esperando a un comprador dispuesto a hacerse de un equipo de buen precio a pesar de los riesgos.
Es por ello que ahora llama la atención la propuesta realizada por Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, de prohibir la venta de equipos de segunda mano. El argumento parece sencillo: En el momento en que se termina la oferta terminará así el delito de robo de equipos celulares.
Tal vez llevado a un nivel de extrema sencillez pero que a la vez nos hace cuestionarnos varias cosas: ¿Cómo van a controlar la venta de equipos en los miles de mercados y plazas de la ciudad? ¿cómo cuidarán que estos comerciantes no salten a otras instancias o modos de operación?
El mercado parece ser sumamente bueno dada la cantidad de personas -y equipos- dedicados a éste. Es muy difícil que los controlen de manera sencilla y efectiva.
Por otra parte ¿que será de las personas que simplemente quieran vender su propio teléfono por la causa que fuere?
Sin duda alguna el robo de celulares es un tema de suma importancia dentro de la cada vez más saturada agenda de seguridad, por lo que se le debe de dar una solución que sea beneficiosa paraesas personas que, de forma impotente, deben de entregar su teléfono que tanto les costó a un ratero.