Fue noticia la balacera que cobró dos vidas en el campus de la Universidad Autónoma de México el pasado viernes.
Lo que no es noticia es el hecho de que en algunos puntos de la Ciudad Universitaria varios (¿o muchos?) narco-menudistas surten de todo tipo de drogas a estudiantes y maestros de la institución.
Al parecer los hechos registrados fueron el resultado de una vendetta entre traficantes; el saldo mortal no afectó a ningún estudiante sin embargo esto no hace al asunto menos preocupante.
a manera de respuesta, en el partido del domingo del equipo de los Pumas contra el Guadalajara, se pudo ver un mensaje desplegado en el tablero electrónico del Estadio Universitario: ¡Fuera narcos de la UNAM!
Este mensaje, que fue ordenado desde rectoría, iba a ser complementado por una manta que el equipo local despegaría a la hora de la ceremonia de protocolo antes del partido.
Sin embargo esto no se dio ya que los jugadores se negaron rotundamente a hacerlo. A pesar de las solicitudes y amenazas por parte de la directiva, no pudieron ser convencidos de presentar cualquier mensaje alusivo al narcotráfico.
Los jugadores argumentaron preocupación por sus familias y por ellos mismos. No importó que les dijeran que les retirarían las primas, no lo hicieron.
Ya es preocupante el hecho de que bandas de narcotraficantes diriman sus querellas mediante tiros dentro de lo que muchos llaman la “Máxima Casa de Estudios”; pero es aún preocupante que los jugadores, que normalmente viven en un mundo de privilegios y muy alejados de la realidad de la Universidad, de esta ciudad y de este país, hayan mostrado temor por realizar ese acto.
Cuando la preocupación por la inseguridad llega a estos niveles, es que la cosa ya está muy grave.
¿Qué podemos esperar los que estamos en planos más terrenales?