Luciano Jimeno Huanosta, quien es diputado local por el Partido Humanista, viajaba a bordo de un tren de la línea 2 del Metro de la Ciudad de México cuando, entre las estaciones Zócalo y Pino Suárez, alguien le robó la cartera.
El legislador se dio cuenta hasta más tarde que le había ocurrido algo que sufren innumerables pasajeros del transporte público de esta sufrida ciudad de México. Fue robado de manera impune.
Descubrió lo que para muchos es cosa del “día a día”: el crimen está incontenible.
Dice Huanosta que, afortunadamente, no llevaba mucho dinero por lo que la pérdida no es tan terrible. Gracias a su estatus como político y legislador el robo de los pocos pesos que llevaba en la cartera no le afecta tanto como a otros. Para un trabajador, un burócrata de bajo nivel o una ama de casa, tal vez ese dinero hubiera sido la diferencia entre pagar la renta del mes o no hacerlo; entre comprar alimentos para la familia o no hacerlo.
Para la gran mayoría de la gente un robo de ese nivel puede ser la diferencia entre la tranquilidad o la falta de recursos para concluir la quincena.
Para un diputado el paso por el metro puede ser meramente anecdótico pero para la mayoría de los mortales es un calvario diario en el que, además de la saturación y la ineficiencia, están sujetos a perder parte de su patrimonio y hasta la vida.
Urgen medidas para combatir a los pequeños criminales que se han transformado en una pesada carga para todos los ciudadanos.