La noticia pudo sobresalir del marasmo de notas relativas a la violencia en esta capital gracias a que el afectado fue una personalidad de la cinematografía nacional.
El 27 de agosto León Serment -documentalista que destacó, entre otras cosas, por el largometraje “El efecto tequila”- fue asesinado durante un asalto ante su casa y frente a su hijo.
Llamó la atención la violencia con la que fue perpetrado el asesinato: más de 40 puñaladas mientras que al hijo del cineasta -Juan Benjamín Serment Rosique- lo respetaron.
Y mientras la comunidad cinematográfica y la opinión pública se recuperaban de lo que parecía una escena más de violencia en la gran ciudad, llegó la noticia de que la ex esposa de Serment, Adriana Rosique, cometía suicidio en su casa.
Toda una tragedia.
Contrario a lo que ocurre en la mayoría de los casos este en particular contaba con la luz de la opinión pública, por lo que al asunto se le dio prioridad en el más puro estilo de nuestra justicia.
Y los resultados de la investigación han sido escalofriantes.
No hubo asalto, no hubo suicidio: Juan Benjamín Serment, hijo de la pareja, ayudado por su novia, Pamela Soto Miranda -a quienes los peritos calificaron como una mujer de “temperamento manipulador”-, planearon el crimen y pagaron a una pareja 200 mil pesos para asesinar a sus padres.
La muy vaga razón esgrimida por las autoridades es el “resentimiento”. Un resentimiento que le llevó a cometer un terrible crimen.
Hay que decir en favor de las autoridades que la resolución del caso fue una muestra que, cuando hay voluntad, se puede solucionar un crimen que muy bien pudo haber sido enterrado dentro de la creciente marea de violencia citadina.
Ojalá este tipo de soluciones, rápidas y expeditas, aplicaran para todos los ciudadanos y no sólo los que tienen cierto tipo de respaldo a través de un gremio o de figuras con relativo poder público o mediático.
Sin duda alguna el caso Serment es uno más de esos raros, pero escandalosos, en los que un hijo utiliza la fuerza bruta para eliminar a padres o parientes.
Los más veteranos recordarán el caso de Gilberto Flores Álvarez quién asesinó a su abuelo Gilberto Flores Muñoz -quien era director de la Comisión Nacional de la Industria Azucarera y ex gobernador de Nayarit- así como a su abuela en su residencia de Lomas de Chapultepec. Un crimen que conmocionó a la clase política y a la sociedad del México setentero.
¿Qué hace que un hijo mate con tanta saña a sus propios padres?
Quizá nunca conozcamos las razones ni lo que oculta una mente en lo que a resentimientos y odios se refiere.