“Hoy me siento huérfano”, fue el posteo en redes sociales de una persona de “izquierdas”, que fue joven en los años sesentas, y para quien la Revolución Cubana representó una oportunidad para soñar.
Soñar con un cambio, soñar con una sociedad mejor, soñar con un mundo diferente…
¿Qué fue de ese sueño?
Definitivamente vivimos en un mundo muy distinto al de aquella década de esperanza. Un mundo donde los “Trumps” pueden ganar elecciones, donde los cambios prometidos nunca llegaron y donde los sueños muy bien pueden haberse transformado en pesadillas.
Una época mucho más cínica, sin duda.
¿Quién fue Fidel Castro?
A partir de ahora -luego de su muerte- un ícono de la historia. Un símbolo de una era y, en forma definitiva, un personaje que nunca dejará de ser controvertido.
Revolucionario, idealista, justiciero y uno de los pocos líderes del mundo con calidad moral para gobernar… afirman unos.
Un dictadorzuelo de república bananera, un paria, un megalómano y un asesino… argumentan otros.
Se desataron discusiones a todos los niveles; entre amigos, en programas de radio y TV; se dieron declaraciones políticas y los memes pulularon; bastaba cualquier opinión en Internet (a favor o en contra) para desencadenar un auténtico debate entre lectores en la sección de comentarios. Por supuesto que con la consabida, y amplia, utilización de epítetos: desde cerdos capitalistas hasta chairos lobotomizados se gritaron de forma digital.
¿Qué reflexión deja la muerte de Fidel Castro?
Una clara muestra del peso histórico y controversial que aún tiene Fidel en un mundo donde los ideales del siglo veinte han sido digitalizados.
Una total comprobación de que la historia sigue su marcha y que a los ciudadanos del siglo veintiuno aún nos queda mucho por hacer.
Pero, sobre todo, un oscuro presagio sobre el inicio de una era que ya está causándonos mucho miedo.