Sin duda alguna la nota que es hoy principal en los diarios de todo el mundo es el anuncio de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París hecho por el presidente Donald Trump.
Los argumentos giraron en torno a lo “injusto” del tratado para la economía y los trabajadores de ese país, sobre todo los de la industria del carbón.
El hecho es que sí, las nuevas restricciones han causado una disminución de actividad de una industria centenaria que era la base de la economía de muchas personas. Sin embargo también hay que decir que las nuevas tecnologías tiene parte de esta “culpa”.
Con o sin tratados ecológicos, la verdadera crisis en las zonas carboníferas es la falta de trabajo. El hecho de “regresar” a las minas (un trabajo peligroso, tedioso, sucio y que a la larga puede causar graves problemas de salud) no es precisamente algo que anime a la gente de esos lugares.
Lo que ellos requieren es trabajo.
Los nuevos parámetros de emisiones dispuestos por tratados como el de París generan que las industrias y los investigadores se concentren en nuevas tecnologías para generar y almacenar energía; es por ello que hemos visto un aumento en autos eléctricos e híbridos, en generadores solares y baterías de almacenamiento para nuestras casas.
La tendencia, hoy por hoy, es generar nuevas tecnologías que nos alejarán de una vez por todas de las fuentes de energía del siglo diecinueve.
Queremos mejor tecnología, no regresar a las minas.
En el momento en que Estados Unidos deja el tratado para seguir utilizando carbón y petróleo, de inmediato se sale de esa corriente innovadora y abre el camino para que otra nación (o conjunto de naciones) se pongan a la cabeza.
El epicentro del desarrollo de estas nuevas tecnologías dejará Norteamérica para trasladarse a Europa o (peor para ellos) China.
Este mismo fin de semana los líderes europeos se reunirán con el premier chino Li Keqiang y lo más seguro es que, luego de la cumbre, emitan un comunicado sobre la reducción de la utilización de combustibles fósiles y más ayuda a los países emergentes.
Mientras tanto, el liderazgo de Estados Unidos mirando su propio ombligo, trata de cortar más conexiones con el orbe.
¿Estamos ante un cambio de liderazgo mundial?
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El domingo, termina la espera y tendremos elecciones en el Estado de México, el más poblado del país y, sin duda alguna, un gran botín político.
La duda gira en torno a un posible conflicto electoral; los perdedores, sin importar el color, ¿respetarán el resultado?