Sinceramente no recuerdo cuándo fue la primera vez en mi vida que leí un libro escrito/dibujado por Eduardo del Ría, mejor conocido como “Rius”. Mi padre era fanático del “monero” y como yo tenía mucha curiosidad por cualquier cosa impresa desde que era muy pequeño, no tardé en descubrirlos.
(El simple término “monero”, tan coloquial y común al día de hoy, parece haber sido acuñado alrededor de la obra de Rius.)
Tenía algunos libros de él y la colección casi completa de los 100 números de “Los Supermachos”, que narraba las peripecias de los habitantes de un pueblo imaginario llamado San Garabato, ubicado en el estado de Cucuchán. La minúscula población era una representación satírica del México de los años sesenta y setenta en el que la clase política y la oligarquía eran los que mandaban ante un pueblo abúlico y sumido en la pobreza.
En esta primera revista del autor ensayó algo que luego se transformó en “genero”: al exponer una idea o un concepto, además de los “monos”, Rius se apoyaba en imágenes que el recortaba de otros lugares. Tenía una gran facilidad de exponer sus ideas y de hacerlas comprensibles. Siempre estuvo preocupado por la política (de México y el mundo) así como de dar a conocer “ideas exóticas”, Rius se transformó quizá en uno de los más importantes autores de izquierda y de oposición.
Luego de que sus Supermachos les fueron arrebatados en un pleito de autoría con la editorial que lo publicaba, creó un universo alterno, “Los Agachados” que manejaba una idea muy similar a los Supermachos y que utilizó como plataforma para escribir una gran cantidad de libros que abordaban los más diversos pero con especial interés en dar a conocer las ideologías de izquierda, la historia de las revoluciones así como de sus líderes.
Para muchos los libros de Rius se transformaron en una primera aproximación a las teorías y a los ideales de la izquierda. Una forma de conocer que fue lo que pasó en casos como el de Cuba y de por qué el Che Guevara era un personaje “peligroso” para la derecha, Estados Unidos y los poderes establecidos.
Con una visión muy personal del mundo (eso sí) Rius se transformó en uno de los grandes críticos del sistema además de una especie de decano de los dibujantes y cartonistas (¡moneros!) de México.
Para bien o para mal participó en periódicos y publicaciones de todo el espectro ideológico además de haber co-fundado varias revistas.
Sin duda alguna todo un referente de la cultura contestataria y de oposición; de izquierda y revolucionaria pero, sobre todo, librepensadora que mantuvo una fuerte presencia a lo largo de más de medio siglo de carrera en un México que definitivamente ha sufrido de cambios y transformaciones.
Descanse en paz Eduardo del Río “Rius” que seguramente a partir de ahora ocupará el puesto de privilegio dentro del Panteón de los moneros mexicanos.
