Como si se hubiera tratado de un Super Bowl o de una final de Copa del Mundo.

Ese domingo, desde temprano, la gente estaba interesada en el tema: “¿Sabes en que canal van a pasar el debate?” era la pregunta generalizada.

Algunos hasta hicieron reuniones especiales -con todo y botana- para ver el desempreño de los dos contendientes: por un lado, el de los rudos, el millonario de tono naranja que se ha dedicado a insultar a todo mundo. Desde los mexicanos en general, pasando por las mujeres y discapacitados hasta llegar a los villanos de moda en esta era postmoderna: los musulmanes. Experto en los medios, pero un advenedizo en la política.

De otro lado, los técnicos, una mujer que no puede estar más dentro del “Establishment” político estadounidense: Primera dama por ocho años, senadora por el estado de Nueva York y Secretaria de Estado. Carente de un carisma natural, pero dueña de una experiencia -colmillo diríamos por acá- como para darle la vuelta al más pintado.

Donald Trump llegó herido: durante el primer debate sufrió las consecuencias de “irse por la libre” y cayó frente a una mujer que, como lo decía arriba, tiene mucha experiencia en este tipo de asuntos.

Llegaba también muy afectado luego de que alguien, de forma sumamente estratégica, filtró a los medios una grabación que lo ponía al nivel del peor de los patanes. No importa tratar de justificarlo como de “charla masculina”, lo que dijo es sumamente ofensivo para una sociedad cada vez más preocupada por una política más incluyente.

Aunque su desempeño en ese segundo debate no fue tan malo como en el anterior -sus seguidores cantaron victoria- el daño ya estaba hecho. Trató de defenderse cambiando el tema y adjudicando al matrimonio Clinton todos los males -pasados y futuros- de Estados Unidos, sin embargo, las redes sociales fueron inclementes. No había terminado el debate y los memes del “malo” Donald Trump ya inundaban Twitter y Facebook.

El saldo fue dado a conocer por las principales cadenas informativas: anunciaron una caída en las preferencias que ponían a Trump en una cifra de “dos dígitos” que variaba desde el 11 hasta el 17 por ciento.

Desde antes de la fallida visita a Enrique Peña Nieto no se había visto tan abajo.

¿Qué es lo que sigue?

Si no ocurre nada extraordinario, digamos que al nivel de una invasión extraterrestre o el inicio de una conflagración mundial, todo parece indicar que Hillary Clinton se perfila para transformarse en la primera mujer presidente de Estados Unidos. Falta prácticamente un mes y otro debate, pero según los expertos de ambos lados de la frontera ya están cantando la victoria de Clinton.

Para beneplácito y respiro de muchos, el fenómeno Trump podría pasar a la historia como uno de los peores momentos de la historia americana del siglo 21.

Esperemos.

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