Hace algunas semanas el cantante Gerardo Ortiz dio a conocer el vídeo de su canción “Fuiste mía”.
Este material no tardó en transformarse Trending Topic en redes sociales: en el video, el cantante actuaba como un marido engañado que descubría a su mujer en un amorío con otro hombre.
Durante el desarrollo de la historia podemos ver cómo este personaje mata, de manera cruel, a los dos amantes.
En épocas en que las redes sociales se transforman en fiscales y jueces a este video se le acusó de todo: desde ser una invitación a la violencia en contra del género femenino hasta de hacer apología del crimen.
En una primera instancia estas críticas parecen muy lógicas desde el prisma de una sociedad que se ha visto muy lastimada por causa de la violencia que existe en todos los niveles.
Podría pensarse que el caso no tendría que haber pasado de ahí. Redes sociales enfurecidas que, sin embargo, sirvieron para darle un “empujón” al escándalo en turno. Lo hemos visto muchas veces prácticamente a todos los niveles: Una vez más un pedazo de contenido de entretenimiento saltaba a la fama mundial gracias a los detractores.
Sin embargo el caso no quedó ahí; la fiscalía del estado de Jalisco levantó una denuncia y el intérprete fue detenido y procesado.
¿La causa?
Entre otras cosas, apología del crimen.
Le pregunta es: ¿dónde acaba la libertad de expresión y donde comienza la apología del crimen?
Mucho ojo. Nunca diré que apruebo un vídeo como el de la canción “Fuiste mía”; no estoy acuerdo con la premisa y de ninguna manera acordaré con una venganza tan radical y cruel como la que ilustra, sin embargo el vídeo -por crudo que sea-, no puede ser censurado y mucho menos su autor procesado por su producción.
Lo más contradictorio es que ¡el caso de la canción “Fuiste mía” no es único! Existen miles de canciones, películas y series igual o peor de violentas -y apologistas del crimen- que las redes sociales no han demonizado.
Series como “Breaking bad” donde un maestro de escuela utiliza como pretexto su falta de seguridad económica y su decadente salud para dedicarse a producir y comercializar substancias prohibidas dejando una estela de violencia y muerte en su comunidad.
¿Es eso hacer apología del crimen?
¿Qué decir de series que narran de manera detallada las “aventuras” de narcotraficantes como “El Señor de los Cielos”, “El Cártel de los sapos” o “La reina del sur”?
Todas están disponibles en cualquier sistema de televisión “on demand”.
Dentro del mundo de la música -al mismo que pertenece Ortiz- ¿cuantas canciones y corridos que narran las aventuras de criminales (conocidos y desconocidos) circulan por los principales medios?
Estamos, en términos de contenidos, en una era de “anti-héroes”. Tal vez sea la realidad en que vivimos, las noticias que nos llegan todos los días o simplemente el pesimismo de la época, sin embargo, esto no puede ser pretexto para procesar a autores y creativos.
El señor Ortiz pudo haber tomado una mala decisión mostrándose a sí mismo como asesino y misógino, pero eso ya es cuestión muy personal de él, de quienes deciden dar difusión a este material y quienes deciden consumirlo.
No podemos prohibir la creación de material controvertido debido a que éste no sea de nuestro agrado.
¿Quién va a ser el juez que definirá que es lo correcto y que es lo que hace apología del crimen?
¿Van a necesitar los creativos permisos o visiones previas de material para que este sea aprobado?
¿Vamos a limitar la libertad de expresión en aras de una supuesta corrección política?
¿Vamos a dejar que la furia de las redes sociales dicte lo que podemos y no podemos ver u oír?
Por increíble que parezca esto puede ser el principio de una censura mucho más agresiva y mucho más violenta que, cuando nos demos cuenta, interferirá con cualquier cosa que no guste al censor en turno.
Y eso puede ser muy peligroso.