En un país como el nuestro, en donde el futbol es prácticamente una religión, la noticia de que la jornada 10 fue cancelada debido a la ausencia de árbitros fue todo un tema que acaparó espacio en periódicos y noticieros.

Las canchas quedaron vacías mientras los canales deportivos tuvieron que hacer hasta lo imposible para cubrir el gran número de horas -de partidos y de resúmenes de partidos- que quedaron libres. La gente protestó y opinó en redes sociales e incluso hubo algunos despistados que llegaron a los estadios para enterarse de que el partido no se jugaría.

Las razones de este paro (me niego a referirme a éste como “parón”) fue la negativa de aplicar los castigos de un año de suspensión a dos jugadores que agredieron claramente a dos árbitros en sendos partidos.

Mediante una serie de “maromas” intelectuales trasladaron los hechos desde “agresión” a “intento de agresión” y con eso se pretendió suavizar el castigo estipulado. Eso fue lo que hizo que los árbitros optaran por ponerse en huelga: exigir que se aplicara conforme al reglamento; en pocas palabras, que se respetaran sus decisiones.

Mucha gente se quejó amargamente e incluso se habló sobre la corrupción de los árbitros y de cómo estos tienen errores que algunos consideran, no son por causas humanas.

Definitivamente, y esto pasa en cualquier deporte en cualquier parte del mundo, el gremio de los jueces y los árbitros es uno de los más detestados por los fanáticos (si no vean el enojo que han causado recientes eventos de futbol mundial).

¿Cómo se atreven los árbitros a exigir una justicia que ellos niegan a nuestros equipos?

Más allá de aficiones deportivas y odios a las figuras de autoridad, creo que el asunto del paro de árbitros tocó un tema de mucha importancia.

¿Deben los intereses (de los equipos) minar la figura de autoridad de los árbitros?

¿Se vale demeritar la sanción del juez (al que todos acordamos dar esa autoridad) para que el “espectáculo siga”?

Si aplica este tipo de omisiones de los reglamentos para el futbol ¿también lo hace para otras facetas de la convivencia social?

Fuera de filias y fobias tal vez esa sea la parte toral del tema: ¿vamos a enseñarle a las nuevas generaciones que las reglas están hechas para romperse?

Si hoy aplica al castigo de un jugador -el cual puede ser justificado con el calificativo de “intento”- ¿por qué no usarlo en otros ámbitos de la vida diaria?

Dicen que con el juego aprendemos las reglas de convivencia (de ahí la importancia de que los niños jueguen), ¿es este el tipo de convivencia que queremos?

Para muchos puede parecer un tema (el del futbol) muy banal para tomarse en cuenta; para otros son “exageraciones” la respuesta de los árbitros, sin embargo me parece que hay algo mucho más importante en todo el asunto.

Es algo que nos retrata como sociedad y de cómo estamos acostumbrados a que ocurran las cosas. Es la forma en que nos comportamos y la forma en que nos dibujamos a nosotros mismos.

¿Es ésta la forma en que queremos concebirnos?

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