Son tiempos muy revueltos y las malas noticias parecen acaparar toda la atención y a todos los niveles: Trump, la revisión del TLCAN, las elecciones en el Estado de México y un largo etcétera.
Es por ello que en esta ocasión me gustaría abstraerme un poco en un tema que llamó mi atención de gran manera.
Sucesos que ocurrieron muy lejos, pero que tienen un bagaje de reflexión muy interesante.
Birna Brjansdottir, mujer de 20 años nacida en Islandia, fue causa de revuelo en esa pequeña nación que cuenta apenas con unos 330 mil habitantes.
Fue reportadas como desaparecida, luego de una noche de copas con varios amigos; la policía desplegó todo un operativo en el que participaron más de 700 personas que recorrieron muchos kilómetros en búsqueda de Birna.
Sin embargo, el resultado fue el peor: su cadáver apareció en una playa a 22 kilómetros de la capital, Reikiavik.
La investigación realizada por la policía señaló como sospechosos a un par de hombres, de nacionalidad groenlandesa, que habían llegado a la isla a bordo de un barco pesquero por lo que las autoridades volaron en helicóptero a dicho barco (que ya había zarpado de nuevo) para traerlos de regreso e interrogarlos.
Para nuestra mentalidad, parece increíble que se haga tal revuelo por la desaparición de una joven, pero hay que entender el entorno.
El promedio de asesinatos en Islandia es inferior a dos por año y en la gran mayoría de los casos los perpetradores estaban bajo el influjo del alcohol o padecían algún tipo de desorden mental.
No fue por asalto, ajuste de cuentas entre narcos o secuestro.
En Islandia la policía no lleva armas de fuego; según un reporte del año pasado del Instituto para la Economía y la Paz, Islandia es el país más pacífico del mundo.
Un país donde la muerte de una sola joven causa un gran revuelo -y preocupación- en todos los niveles.
Por supuesto que las comparaciones siempre son odiosas y estoy consciente que es muy diferente una pequeña isla en el Mar del Norte con apenas unos pocos cientos de miles de habitantes si la comparamos con una gran nación habitada por más de 100 millones de personas como la nuestra.
Sin embargo, la duda no tarda en asaltarnos… ¿Cuándo tendremos un país “pacífico” que siquiera se acerque a los números de Islandia?
Un país donde el respeto a la ley sea el común denominador y los crímenes sean cosa rara; una nación donde la policía no sea corrupta y que la gente se sienta segura -y orgullosa- con ésta. Un México donde los ciudadanos podamos salir a la calle teniendo la seguridad de que no seremos violados, robados o asesinados en cualquier momento.
Un México en que se considere como tragedia nacional el saber que 4 de cada 5 personas vive con miedo.
No sé si es pedir mucho…