En la antigüedad clásica el tema del debate político era de sumo interés y era a través de la oratoria que los temas se ventilaban.

Es por eso que para ellos el tema de la lógica y las falacias era de suma importancia ya que una cosa era argumentar con razones sólidas y una muy distinta utilizar “mañas” para ganar una discusión.

Desafortunadamente esa es la estrategia utilizada por la mayoría de los activistas de Facebook, personajes de dudosa originalidad ya que la gran mayoría podrían ser tan solo teclados mercenarios al servicio de las diferentes causas.

¿Te suenan las palabras “Queso de puerco” o “Pinto”? Esas son las que están utilizando para describir al recién destapado candidato priista José Antonio Meade. Por supuesto que para Andrés Manuel López Obrador existen desde hace tiempo lindezas como “la Peja” o “el Mesías tropical” entre muchísimas más.

Que la víctima no tenga el atrevimiento de ser mujer por que la fuerza y la violencia de los insultos se multiplica por diez.

A este tipo de ataques los clásicos los llamaban ad hominem que, literalmente, significan “al hombre”. La estrategia es que una de las partes que discute, al quedarse sin argumentos, opta por atacar al contrincante utilizando epítetos que normalmente son peyorativos e insultantes.

Es una muestra clara de que las ideas se han acabado y, ante la desesperación, lo único que queda es insultar y sobajar al contrario.

Aunque esto puede sonar muy fuerte, sobre todo a la hora de una discusión, es una de las más grandes muestras de debilidad argumentativa. Una clara señal de que la causa se ha perdido.

¿Qué hacer ante los que insultan?

Tratarlos de la misma manera que el taxista que se enoja y nos menta la madre porque nos pusimos frente a él: ignorarlos.

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