Uno de los premios Nobel más esperados en el año es el de literatura. Dentro de todos los reconocimientos de las academias sueca y noruega, es el más cercano a la mayoría de nosotros porque, por lo menos para la gente que lee, es el único en el que los ganadores son conocidos de manera muy completa e, incluso, íntima.
Este año el galardonado con el premio fue el cantante y autor de Folk Rock, Bob Dylan.
La trayectoria de Dylan es quizá una de las más completas y más reconocidas en la historia de la música del siglo veinte y veintiuno.
Comenzó muy joven, en los años sesenta, mostrando un estilo único. Mediante una guitarra y más preocupado por el mensaje que por cantar con una voz rasposa y sumamente particular, se encargó de transmitir un mensaje que anunciaba la nueva era: igualdad, paz, una mejor sociedad.
Lo que en ese momento se llamó “canción de protesta”: una voz que se alza dentro de una sociedad sumida en la guerra, en los escándalos políticos y los movimientos de igualdad.
(¿Hay algo nuevo bajo el sol?)
A lo largo de su carrera Bob Dylan mantuvo esta imagen y esta temática para transformarse en una de las más grandes influencias para muchos músicos y grupos que hoy están consagrados.
El argumento de la Academia Sueca para otorgar a Dylan el Premio Nobel fue el de “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana”. A pesar de haber publicado dos libros -uno de ellos de poesía- el verdadero mérito para el reconocimiento fue el de sus canciones.
Como ocurre prácticamente en todo el acontecer de esta postmodernidad, el tema causó controversia desde su anuncio.
Para algunos el mérito de “bardo” y de “poeta musical” fueron más que suficientes para que le otorgaran el premio. Hay que escuchar -argumentaron- la forma en que compone para enterarse de la gran capacidad lírica del señor.
Uno de las razones que dieron algunos era la de que, por fin, se premiaba a un género distinto: ¿Por qué dar siempre el premio a novelistas? Existen muchos otros géneros de la literatura y algunas de las más grandes obras, como La Iliada y La Odisea de Homero, fueron escritas para cantarse y ser acompañadas por instrumentos musicales.
Sin embargo, por el otro lado también surgieron críticas, algunas de ellas sumamente mordaces: Si existen en el mundo grandes escritores ¿Por qué dar el premio a un cantante pop?
Para ellos el mérito lírico de un compositor nunca podría compararse con los grandes novelistas de nuestra era. De hecho, algunos dejaron ver muy en claro sus gustos literarios apoyando a sus autores favoritos.
¿Ocurre que los miembros de la Academia Sueca ya ni siquiera quieren leer?
Como pasa en la mayoría de los ámbitos humanos, pero con mayor intensidad en el ámbito subjetivo del arte, la decisión generó polémica. Sin embargo, hay que decirlo, es muy raro cuando esto no ocurre.
Normalmente cuando surge el anuncio del galardonado un sector opositor (compuesto sobre todo por los afectos a su obra y los connacionales) se rasgan las vestiduras de que no le dieron a su ídolo personal el premio Nobel.
Siempre hay quejas y siempre alguien se siente “desilusionado” o víctima de intereses particulares en Suecia. Siempre alguien dirá “nos robaron”.
Pasa con el Premio Nobel, el Oscar o el Premio TVyNovelas.
Así que en vez de clavarnos con los supuestos “oscuros intereses” de un grupo de personas que en realidad no les interesa lo que piense la mayoría del mundo, mejor usemos nuestro tiempo para disfrutar del arte de nuestros escritores o de nuestros músicos favoritos:
Aprovechemos el momento para revisar la discografía de Bob Dylan y pasar un buen rato.