Palacio de Bellas Artes, Mexico DF

Palacio de Bellas Artes, Mexico DF

Este 2016 tendría que haber sido un año muy tranquilo en lo que a política se refiere, sin embargo, la reciente reforma -que transformará al Distrito Federal en la Ciudad de México- establece la creación de una constitución para la nueva entidad.

Por supuesto que esto se ha transformado en un botín para los partidos políticos quienes buscan, a toda costa, instalar a uno de los suyos dentro de la Asamblea Constituyente.

La competencia será dura para que estos puedan hacer la nueva carta magna a modo, como de costumbre.

Algo que llama la atención es que por primera vez los ciudadanos -sin partido político- podrían ser incorporados a este proceso.

¿Ciudadanos participando mano-a-mano con partidos políticos?

En el papel esto suena ideal, sin embargo, hay que analizar la forma en que estos ciudadanos serán aceptados dentro del proceso.

Luego de cubrir varios requisitos, que son bastante complicados como la creación de una Asociación Civil con cuentas bancarias, el siguiente es sumamente complicado: recolectar más de 74 mil firmas de apoyo a la candidatura en apenas un mes.

Estamos hablando de cerca de 2,500 firmas ¡diarias!

Es imposible que una sola persona pueda realizar esta labor por lo que los candidatos han tenido que recurrir a voluntarios, parientes y amigos para cubrir cuotas que parecen inalcanzables.

Y mientras los partidos cuentan con presupuestos (otorgados por el INE), los ciudadanos tienen que hacer todo de su bolsillo y con una fiscalización muy cercana del instituto. Es decir, cada voluntario es tomado como si en realidad cobrara y no es posible exceder una cantidad determinada de presupuesto, aunque este sea “imaginario”.

Si los ciudadanos interesados logran cubrir esta cuota, aún les queda la labor de realizar una campaña para atraer el voto sin bases, sin redes políticas, tan sólo con su humilde presencia.

De la misma manera los candidatos, si logran reunir las firmas y el voto para acceder a la Asamblea Constituyente, realizarán su labor sin paga alguna.

Dedicarán su tiempo con el único objetivo de lograr una Constitución acorde con los intereses ciudadanos y no de los partidos políticos.

Es curioso, mientras las autoridades electorales se ufanan por haber incluido a ciudadanos sin partido en el proceso, a la vez les pusieron trabas para así privilegiar a los partidos políticos.

Es un momento muy importante en la historia de esta ciudad en el que podemos crear un nuevo marco jurídico que regirá su futuro.

Es por ello que vale la pena detenernos a pensar un momento: ¿Qué queremos para nuestra nueva Carta Magna? ¿Ciudadanos o partidos políticos?

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