Cayeron las “Goteras VIP”, un tema que abordamos hace una semana. Resulta que fueron tres mujeres y un hombre, todos oriundos del estado de Morelos, que utilizaban Tinder para localizar víctimas de cierto nivel social y atraerlos con promesas de sexo, drogarlos y robarles todo lo posible.

Sin embargo el problema ahora de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México radica en que, a pesar de la gran actividad de este grupo delictivo, carecen de acusadores.

Fuera de una persona que ya declaró ante el juez, no hay ningún otro que se atreva a levantar la mano.

El tema más difícil con este tipo de delitos es que, además de que son sumamente vergonzosos, muchas veces la víctima es una persona de cierta reputación y que está casado o que mantiene una relación más seria.

El simple hecho de ponerse en el aparador para aceptar que estaba buscando un encuentro de una sola noche lo pondría en más problemas de los que ya sufrió con el robo.

Por lo pronto el único que se ha animado a seguir con el proceso asevera que, luego de pagar una cuenta de 10 mil pesos en el restaurante, llevó a las mujeres a su casa donde fue drogado y donde lo robaron desde “unas chanclas”, pasando por tres celulares y hasta el coche.

Como en muchos otros casos, esta banda le apostó a la lujuria y a la vergüenza de sus víctimas. Sólo gracias a uno que venció el tabú, pudieron ser detenidas.

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