Muy mala semana para el gobierno de la república.

Por una parte, el malestar generado por los resultados obtenidos en Río de Janeiro. Prometieron medallas, pero al único que hemos visto tener un buen desempeño es a Alfredo Castillo Cervantes, titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), quién se dio un buen paseo en la ciudad brasileña de la mano de su novia que, por cierto, vestía el uniforme de la delegación mexicana (hecho por Armani) como si de una atleta se tratara.

Definitivamente no es culpa directa de Castillo la “debacle” de Río, sin embargo esa actitud cínica lo ha transformado en el villano favorito para descargar todas las iras; desde los fallos de las arqueras hasta la falta de goles de los inflados futbolistas.

Justo cuando no podía ponerse peor la cosa el diario Británico “The Guardian” presenta una investigación en la cual le endosa a la primera dama Angélica Rivera la posesión de un departamento en Miami (otro) el cuál podría ser propiedad de un grupo que busca licitar obras en México.

La investigación –de dudoso valor periodístico debido a la forma en que se realizó, podrá ser rebatida– pero el daño ya está hecho: las redes sociales estallaron y la marea de memes nos inundó.

Una raya más al tigre.

Y por si esto fuera poco, el diario “Reforma” publicó su ya clásica encuesta de aprobación presidencial para mostrarnos a Enrique Peña Nieto a un nivel nunca antes presentado desde que se comenzó a medir la popularidad de los mandatarios: sólo un 23% de la población lo aprueba y, en general, percibe a un México más inseguro, con menos oportunidades, con una crisis galopante y una mayor corrupción.

Dicen, los que saben, que percepción es realidad y la realidad para este gobierno no parece nada halagüeña.

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