Comentaba en la última entrega sobre el famoso muro que Donald Trump pretende construir a lo largo de la frontera común entre México y Estados Unidos. Decía que los dineros para construirlo estarían incluidos en un presupuesto federal que difícilmente podría ver la luz.

Es por ello que llamaron mi atención las declaraciones hechas por Ryan Zinke, Secretario del Interior, afirmando que el muro no podría construirse ni a la mitad del río, ni del lado de Estados Unidos por lo que tendría que ser hecho en México.

Al parecer este tema es tan complicado como los otros sobre los cuales hizo promesa el entonces candidato a la presidencia.

El Río Bravo recorre poco más de dos mil kilómetros de los 3,200 que tiene la frontera, es decir, representa el 63% de la “línea”.

Como muy bien dice el secretario, no es posible construir el muro dentro del río por muchas razones que van desde lo práctico, pasando por lo ingenieril y terminando en lo ecológico.

Por esa razón el muro tendría que construirse en una de las riveras. Por cuestiones de ingeniería esto se debería de hacer retirado de la orilla y de esta manera, como también dice muy bien Zinke, el Río Bravo completo quedaría “del lado” mexicano.

Prácticamente renunciarían a su rivera.

La solución que plantea el funcionario -se ve que no la pensó mucho- es la de hacer toda la obra en la rivera mexicana ya que ellos “no van a ceder el río”. Va a ser necesario, dijo, requisar los terrenos necesarios para realizar la obra.

Digo que no lo pensó lo suficiente por la simple razón de que el hecho de cruzar una frontera para tomar posesión de terrenos de otro país se llama invasión y es un acto de guerra.

No digo que se vaya a declarar una guerra por la construcción del muro, sin embargo la simple amenaza de hacerlo de nuestro lado generaría una serie de críticas y reacciones a nivel internacional que hundirían aún más el mermado prestigio del gobierno de Estados Unidos.

A esto hay que agregar que nuestro país no podría permitir que esta propuesta fuera siquiera sugerida por el gobierno estadounidense.

Lo que verdaderamente queda claro con las declaraciones de Zinke es que no tienen ni la más remota idea de la complejidad que supondría una obra de este tipo e incluso parece que ya están buscando el pretexto para aplazarla.

No vamos a reglarle a los mexicanos el río” o “se negaron a proporcionar el permiso” podrían ser algunas de las muchas razones para retrasar e incluso dejar que todo muera en el olvido.

Tal como lo está demostrando esta administración, no tienen nada planeado de forma realista y seria. Todo lo están solucionando sobre la marcha y cada día que pasa no dejan de exhibir la falta de conocimiento básico para lidiar con el gobierno de un país.

Una vez más queda demostrado que no sabían en lo que se estaban metiendo a la hora de prometer… y eso les está saliendo muy caro.

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