tráfico-DFHay cosas en la vida diaria de una ciudad como la nuestra que llaman la atención de la gente, hay otras que la enojan, sin embargo, parece que todos los habitantes de la Ciudad de México tenemos una gran capacidad de adaptación aún a las condiciones más extremas: tráfico, inundaciones, violencia, contaminación, vendedores ambulantes y un largo etcétera que hacen ver al Infierno de Dante como un buen lugar para vacacionar.

Sin embargo, hay algunos temas que en realidad pueden hacer enfurecer a la gente como es el caso del “hoy no circula” obligatorio.

El automóvil ha sido, desde su invención, uno de los símbolos más poderosos de individualidad e independencia; el artefacto que nos puede llevar prácticamente a donde nosotros queramos y la mayoría de nosotros lo transformamos en una extensión de nuestro propio hogar. A fin de cuentas pasamos mucho tiempo a bordo de uno de estos.

Es por ello que, cuando llega la prohibición de utilizarlo -aunque sea un día-, la furia se desata.

Las redes sociales se han visto inundadas de memes, comentarios y muchísimas quejas de automovilistas frustrados; mentadas de madre al Jefe de Gobierno, amenazas de no pagar ni tenencias ni servicios, advertencias sobre intenciones de voto para 2018… en fin, una larga lista.

Es una realidad que la calidad del aire que respiramos en la Ciudad de México depende directamente de factores como el de los automóviles. También es una realidad que hay demasiados autos circulando en el Valle de México.

Para problemas graves, soluciones graves, a pesar de la furia popular.

Este es un problema que tiene varias aristas: por un lado, está el derecho de cada ciudadano de circular por las calles, pero por el otro está la necesidad de paliar un problema de contaminación.

Por un lado, está la obligación del gobierno de cuidar la salud de sus gobernados, pero por el otro está la también obligación de proporcionar servicios de transporte medianamente decentes.

Es indudable que en ciudades grandes del mundo civilizado, como Londres o Nueva York, es carísimo tener un coche; en la capital británica incluso cobran por acceder en auto a ciertas áreas, sin embargo esto se compensa con un sistema de transporte rápido y eficiente.

Esta es una de las grandes quejas: “Está bien” dice la mayoría, “dejo mi auto, pero ¿en qué me voy a realizar mis actividades diarias?”.

Indudablemente un problema sumamente complejo en una ciudad sumamente compleja. Un problema que ya no podemos seguir escondiendo o realizar medidas a medias para solucionarlo.

Un problema que exige una solución real y a largo plazo.

¿Tú qué opinas?

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