Listos los dos candidatos para las elecciones de noviembre.
Dos puntos de vista radicalmente diferentes, dos concepciones de Eestados Unidos –y el mundo–, totalmente opuestas y contradictorias.
Por un lado Donald Trump, quien culpa a todo mundo, con México en el primer lugar de la lista, de los males que aquejan a su país.
Un candidato que busca “regresar” a la era de la la “Grandiosa América” cuyo destino era el de ser la policía mundial pero libre de las influencias externas. Un país manejado por y para los WASP (White anglo-saxon protestants) donde las minorías son simplemente eso. Nada de inmigrantes “oscuros” y, Dios nos libre, musulmanes.
Un candidato que apela a los más grandes temores de la clase media y baja del interior del país, a los que llaman de forma peyorativa “rednecks” (cuellos rojos, asoleados de tanto estar en el campo trabajando con sus manos) quienes se sienten agraviados por los inmigrantes (no blancos y no cristianos), por los “intelectuales” progresistas de las grandes ciudades y las minorías raciales.
Ese núcleo intolerante que se sintió muy ofendido con la llegada de un afro-americano a la casa blanca.
Es la apuesta por lo convencional, por las antiguas costumbres, por el pasado.
Por el otro lado Hillary Clinton que, ante el embate hiper-conservador de Trump, se ha manifestado como la gran campeona de la diversidad en todos los sentidos: racial, cultural, sexual y toda la que sea posible. Ella misma es una apuesta para ser la primera mujer en la Casa Blanca.
Con discursos en español, baños “transgénero” durante la convención y la gran garantía de que Estados Unidos seguirá con las políticas de la actual administración, Clinton le apuesta a los sectores más progresistas, a los que quieren superar los viejos avatares de raza y religión para adentrarse en un futuro diferente, de cambio.
Esta es la apuesta por los nuevo, por un país digno del siglo XXI.
¿Qué sigue?
Tres meses de campaña política. Tres meses para conocer la agenda política de cada uno. Posiblemente veamos una moderación por parte de Trump (ya se ganó a los radicales), seguramente veremos ataques brutales a la integridad y la intimidad de su contrincante.
Ambos tienen la oportunidad de “elevar” el nivel de las campañas, pero seguramente también tendrán la tentación de arrastrarla aún más de lo que ya se ha hecho.
Meses interesantes en los que el futuro de la humanidad, aunque no viva dentro de las fronteras estadounidenses, se verá afectado de una u otra manera.
Al tiempo.