Es durante estas semanas de septiembre en que llegan dos fechas que, de muchas maneras, han cambiado la forma en que percibimos nuestro entorno y nuestro mundo.

La primera de ellas es el 11 de septiembre, fecha que en 2001 marcó uno de los momentos más dramáticos de nuestra era con una serie de atentados en suelo estadounidense que cimbraron, como nunca, el orden internacional.

La destrucción de las Torres Gemelas así como los otros atentados hicieron que el estadounidense promedio cuestionara muy seriamente el papel de su país y lo que estaría dispuesto a dar a cambio de su propia seguridad.

A partir del 9/11 Estados Unidos, bajo George Bush, inició las campañas militares más agresivas de su historia que los han llevado a largas temporadas en Irak y Afganistán. Campañas muy cuestionadas en cuanto a motivos y duración y que han transformado radicalmente la política en medio oriente.

Desde la caída de Sadam Hussein hasta el surgimiento de ISIS la dinámica en la región ha quedado resentida y el día de hoy el famoso “choque de civilizaciones” es más evidente que nunca. Con los grupos radicales islámicos creando terror en Europa y amenazando a Estados Unidos la herencia de los atentados del 11 de septiembre es clara: campañas de terror, un generalizado sentimiento de inseguridad, descontento en muchos países de medio oriente y una crisis de refugiados como no se veía desde épocas del final de la Segunda Guerra Mundial.

La pregunta a la que nos lleva esta reflexión es:

¿Es el mundo un lugar mejor?

La segunda fecha es más local, el 19 de septiembre, día en que se cumple un aniversario más del terremoto de 1985 en la Ciudad de México.

Una de las formas en que recordaremos la fecha -nosotros los chilangos- será mediante un Mega-simulacro en el que toda la metrópolis practicará los protocolos de emergencia como si se tratara de un evento telúrico real.

En escuelas y oficinas la gente hará una práctica para reaccionar ante un terremoto, cosa que ya se ha transformado en una especie de tradición en la ciudad. Actualmente contamos con un sistema que es capaz de dar un aviso con casi 10 minutos de antelación ante la llegada de las ondas sísmicas generadas por algún evento sísmico en el sur o en el sureste de nuestro país.

La ciudad cuenta con alarmas ubicadas en sitios estratégicos para alertar a la población y ésta pueda tomar las medidas preventivas necesarias.

Tenemos una cultura ante el desastre como jamás la tuvimos y menos en aquellos aciagos años ochentas. En teoría las reglamentaciones de construcción son mucho más estrictas que en aquel entonces así que no importa que la cantidad de edificios altos se haya incrementado de manera exponencial en nuestra ciudad: al menos en el papel, estamos preparados para enfrentar un fenómeno de la magnitud de 1985.

En este caso, la pregunta es:

¿Es la Ciudad de México un lugar más seguro ante la eventualidad de un terremoto?

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