Luego de tres semanas de gobierno de Donald Trump, los medios estadounidenses han puesto el grito en el cielo por una serie de actos, premeditados o accidentales, en los que el flamante presidente ha demostrado su poco conocimiento del medio político.

Desde mentir descaradamente, atacar medios y personas a través de las redes sociales hasta la forma en que ha llevado a cabo sus órdenes ejecutivas, el millonario ha dado mucho que hablar.

Sin embargo dentro de toda esta información resalta lo que parece el primer gran escándalo que podría alcanzar magnitudes desconocidas.

En Estados Unidos hoy se levantaron con la noticia de que Michael Flynn, Asesor de Seguridad Nacional, renunció a su cargo debido a sus contactos con Moscú.

Vayamos en orden.

Uno de los últimos actos realizados por Barack Obama como presidente fue el de imponer una serie de sanciones a Rusia por su supuesto involucramiento en las recientes elecciones.

Algo que llamó la atención en esos días fue la falta de reacción por parte del gobierno de Vladimir Putin, acostumbrado a “gritar” y atacar ante la menor provocación.

Lo que pasó -y esta es la causa de todo el escándalo- es que el propio Flynn contactó con el embajador ruso para asegurarle que, una vez que Trump hubiera tomado posesión, las sanciones serían levantadas.

Fue el diario Washington Post el primero en sacar la historia al público y, desde ahí, la oficina de Flynn trató de justificar la llamada de diversas maneras sin embargo el escándalo se incrementó luego de que se diera a conocer que el entonces presidente electo Trump fue informado -por el FBI- sobre los posibles contactos de su asesor con los rusos además de la posibilidad que estos hayan pagado a Flynn.

Surgen preguntas muy duras para la administración Trump:

¿Es posible que Flynn haya hecho las llamadas sin dárselo a conocer a Trump?

Durante las semanas previas Trump manifestó que le tenía una “confianza ciega” a su asesor y resulta que éste tenía lazos demasiado estrechos con una potencia extranjera que no es precisamente la más amistosa.

El presidente Putin parece querer influir en el nuevo gobierno estadounidense y, al parecer, está haciendo todo lo posible para lograrlo.

La cuestión aquí es que esto podría ser apenas una pequeña parte de algo mucho más grande. El hecho de que Flynn haya sido la primera víctima de la administración Trump, cuando tanto investigadores como medios comenzaban a indagar este tema, podría ser la señal de que este asunto podría ir mucho más allá de llamadas telefónicas.

¿Estamos, antes de haber llegado siquiera al primer mes, ante el “Watergate” de Donald Trump?

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