Recuerdo muy bien el comienzo del año 1994. En ese entonces trabajaba como redactor de un noticiario radiofónico. Me encontraba yo de vacaciones, tomando el sol muy quitado de la pena, cuando por radio escuchamos una noticia que nos dejó perplejos.

Un grupo de rebeldes, desde la selva de Chiapas, le había declarado la guerra al gobierno mexicano. Eran épocas de Carlos Salinas de Gortari y del EZLN. No hay que decir que tuve que cancelar todo para regresar a la ciudad para retomar mi trabajo.

Ese año abría con una noticias inéditas, por primera vez desde épocas de la Revolución y de la Pax Priista, un grupo se rebelaba abiertamente. Fue la debacle del gobierno de Salinas de Gortari y uno de los años más nefastos de nuestra historia con dos asesinatos polpíticos, de Luis Donaldo Colosio y del líder de los priistas en la Cámara de Diputados, José Francisco Ruiz Massieu (padre de Claudia Ruiz Massieu), asuntos que generaron una gran cantidad de especulaciones tanto en la prensa como en la clase política.

Ese último año del sexenio, el candidato priista asesinado tuvo que ser reemplazado por Ernesto Zedillo y para sus postrimerías ocurrió el famoso “Error de diciembre” cuando nuestra economía se colapsó -una vez más- por causa de los malos manejos de las finanzas públicas.

Un año terrible sin duda.

22 años después, aquí estamos, arrancando un año que no pinta ser mejor que aquel fatídico 1994.

Entre alzas de precios, protestas sociales que van en incremento, presidentes vecinos que “van con todo” en sus planes por tomar venganza de México, funcionarios públicos que ganan -y gastan- como si fueran miembros de una casta superior y un gobierno que parece cada día más alejado de sus gobernados, este 2017 pinta muy mal.

Urge un verdadero cambio. Dejarse de medidas a medias y “pactos” sin consecuencias y reinventar la política de este país en todos los niveles.

Si este gobierno no quiere pasar a la historia como el peor en muchas décadas (posiblemente siglos) le urge un cambio de paradigma.

La gente ya no va a tolerar más errores, funcionarios que parecen ajenos a su problemática, corrupción, debilidad e indiferencia ante los ataques de Trump, entre muchas otras cosas. ¡Ya está cansada!

El país está al borde de la desesperación y el gobierno necesita saberlo y solucionarlo, no hacer preguntas ilógicas o repartir regaños.

Claro, si no quieren que este 2017 pase a la historia como otro año nefasto.

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