Las imágenes hablan por sí solas: un grupo de maestros, hombres y mujeres (algunas de ellas de edad madura) caminando por la calle, descalzos, para luego ser trasquilados y obligados a usar pancartas auto denigratorias.

Sus captores buscaban presentarlos de la manera más indigna.

¿Su pecado?

Continuar con su trabajo pedagógico a pesar de las directivas del CNTE de llevar al paro el sistema educativo.

Son imágenes que, sin duda alguna nos regresan a la Alemania Nazi, a la Italia Fascista, a la Camboya de Pol Pot… regímenes interesados en hacer de sus ideales y de sus políticas las únicas “buenas”.

Los únicos con derecho a expresarse son los que lo hagan como nosotros; los que no estén de acuerdo -que disientan- de inmediato son tachados de traidores, vendidos, escoria humana que merece el ridículo.

¿Cuánto falta para las noches de los cristales rotos? ¿para linchar a los “enemigos” del movimiento?

Una clarísima muestra de lo que se esconde detrás de este movimiento. De los ideales seudo democráticos de una agrupación que, lo que menos le preocupa, es la educación y los alumnos.

Qué sólo está ocupada de mantener sus privilegios y que, si alguien parece siquiera interponerse, lo atropellará de manera despiadada.

La pregunta que queda es ¿y las autoridades? ¿la policía que miró -sin hacer nada- los acontecimientos?

Pero, sobre todo… ¿Los institutos de derechos humanos?

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