Lo habíamos comentado la semana pasada sobre el interés -o la falta de este- que teníamos los habitantes de la Ciudad de México sobre el proceso electoral del pasado domingo 5 de julio.
Una ciudad que, tradicionalmente, es una de las más participativas durante los procesos electorales pecó de desinterés y apatía.
De una lista nominal de más de 7 millones 300 mil ciudadanos, tan sólo participaron poco más de 2 millones de personas, es decir, menos del 30%. De este total 173,146 votos fueron por candidatos independientes (el 8%) mientras que el resto, 1,746,058 fue a favor de partidos políticos.
En cuanto a los ciudadanos el que más votos logró (21,352) fue Ismael Figueroa Flores quien, a pesar de una clarísima ventaja sobre el resto de los participantes, no le alcanzarán para obtener un escaño, ya que según las reglas de esta elección, requeriría obtener por lo menos 31,986 votos para hacerlo.

En cuanto a partidos políticos el gran ganador fue, como ya se esperaba, Morena, con más de 630 mil votos. Le sigue el PRD (551,131), PAN (197,613), PRI (149,681) mientras que el resto fue repartido entre los partidos pequeños: Encuentro Social, Alianza Ciudadana, Movimiento Ciudadano, Verde Ecologiasta y PT.
De esta “chiquillada” el PT sería el único en quedarse sin representante ya que, ni de relajo, llega a los 31 mil votos (hay que decir que hasta el candidato independiente Ismael Figueroa le ganó).

Sin embargo, quizá lo más patético de la jornada fue el hecho de que las casillas lucieron vacías y que los ciudadanos funcionarios de casilla se veían aburridos a la espera de votantes.
Triste situación para lo que debería de haber sido una fiesta en torno a la posibilidad de tener, aunque sea, una pequeña injerencia en lo que será la constitución de esta sufrida Ciudad de México.
(Todo este artículo fue realizado con el 98% de las actas computadas, por lo que los números pueden variar un poco)