La primera ministra de la Gran Bretaña, Theresa May, llamó a elecciones para, afirma, llegar al proceso de salida de la Unión Europea con más fuerza para negociar los términos del divorcio.

Sin embargo, esos términos están comenzando a calar en el ánimo británico y, de hecho, muchos que votaron por la salida ya se están arrepintiendo.

Una de las principales razones que impulsaron al “Brexit” fue la inmigración.

Entre los principios del libre comercio europeo se contempla la libre circulación de bienes y servicios y también -la que no gustó- de personas.

Los sentimientos xenófobos afloraron luego de que con el libre mercado llegaron ciudadanos de otros países europeos en busca de mejores oportunidades. Luego de la crisis económica en Grecia, España y Portugal el camino estaba dado para la demagogia y la mayoría de los británicos (en zonas suburbanas y rurales, por cierto) votaron por la salida.

A esto hay que sumarle la crisis de refugiados sirios expulsados por la guerra civil que asola a ese país.

Lo que no contaron es con el trato especial que la Unión Europea da a los ciudadanos británicos de regreso. Con el Brexit los productos y servicios de la Gran Bretaña tendrán que pasar por aranceles e impuestos antes de competir con los que entran de manera libre.

De la misma forma los ciudadanos que trabajan fuera de las islas perderán sus derechos de trabajo en otros países. Esta problemática ya se está dejando sentir en Irlanda, donde de manera repentina han recibido miles de solicitudes de ciudadanía por parte de británicos que están haciendo un intento desesperado de mantener su estatus comunitarios.

Otro caso es el de las agencias. Dos de los más importantes organismos comunitarios, la Agencia Europea de Medicamentos y la Autoridad Bancaria Europea tienen sus oficinas en Londres y cada una de ellas cuenta con más de mil empleados.

Ambas agencias -a pesar de los intentos por parte de Londres de evitarlo- serán reubicadas en distintas ciudades europeas quitando así la derrama económica y de empleos generados.

Otro de los aspectos que podría generar un nuevo conflicto es el de Escocia. Con deseos independistas la nación integrante del Reino Unidos hizo su propio referendo sobre su permanencia en la nación.

Uno de los factores que ayudaron a la permanencia fue el hecho que, una vez fuera del Reino Unido, le sería muy difícil a la joven nación acceder a la Unión Europea.

Fueron las ventajas de la Unión Europea las que mantuvieron a Escocia dentro del Reino Unido. Una vez que ocurra el Brexit, los escoceses no tienen ningún aliciente para mantener la unión.

Aunque el gobierno de May asegura que evitará al máximo la migración de las agencias, que mantendrá un acuerdo comercial especial, por parte de los demás miembros del organismo la aseveración es que el divorcio va de manera total. La idea para ellos es la de dar una lección tanto a los británicos como a cualquier otra nación que se decida por la separación.

El proceso ha comenzado. ¿Podría haber una vuelta atrás?

Sería un grave tropiezo político.

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