Es muy común para los líderes de corte dictatorial proferir amenazas, sobre todo, si cuentan con un público.

Se encontrarán con la Madre de todas las batallas” amenazó Sadam Hussein a Estados Unidos luego de que ese país advirtió que utilizaría la fuerza para expulsar a las tropas iraquíes de Kuwait.

Esto lo dijo, por supuesto, con el micrófono abierto. Lo que nunca escuchamos fue a George Bush contestar con una amenaza o un exabrupto.

Para los líderes de Corea del Norte es casi una tradición la de amenazar con fuego y guerra al gran demonio de Estados Unidos (siempre frente a un público).

Y es que en estos casos no es lo que se dice, si no la situación en la que se hace. El dictadorzuelo tiene que mantener su imagen de “gallito agresivo” que no se deja de nadie y menos del enemigo declarado.

¿Cuándo hemos escuchado a un presidente o primer ministro de occidente reaccionar de esa manera?

Desde épocas de la Segunda Guerra Mundial, nunca.

Ese tipo de amenazas nunca han formado parte del lenguaje de la política internacional porque sólo sirven para radicalizar el asunto. Para “calentarlo” y hacerlo más grave. Lo tradicional es que el presidente de Estados Unidos (y los líderes europeos) manejen un lenguaje moderado que no utilice amenazas violentas.

Es por ello que el hecho de que Donald Trump amenace con “fuego y furia” a Corea del Norte levante tanta inquietud alrededor del mundo.

El mandatario de Estados Unidos debería de ser moderado con el tiranuelo amenazante, no ponerse a competir en un concurso de quién orina más lejos.

Recordemos las peores crisis: aunque había amenazas muy serias, los líderes jamás hablaron de venganzas con fuego y furia. Enfrentaron estos asuntos de una forma inteligente y sin caer en provocaciones.

Pongamos un ejemplo más tangible: Nicolás Maduro realiza una acusación de corte sexual al presidente Enrique Peña Nieto y no es razón para que desde aquí se lance una perorata. Se hace un extrañamiento pero nunca se rebaja al nivel de provocación del líder venezolano.

En todos los niveles, aunque sea una guerra de declaraciones entre países latinoamericanos, la mesura siempre será la mejor estrategia.

Actitudes de estadista.

Ahora resulta que lo dicho por Trump ni siquiera estaba en el guion para ese día. El presidente improvisó y “dijo lo que dijo” para desmayo de los habitantes de Corea del Sur, los directos afectados en un caso de conflicto, y el resto del mundo que ve con horror como el mandatario se pone a la altura de un tiranuelo.

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