Luego de que la Suprema Corte ratificara la decisión de bloquear la orden ejecutiva que impuso el Presidente Donald Trump a los viajeros provenientes de siete países de Medio Oriente, el ejecutivo descargó su ira en Twitter.

Mensaje que fue duramente criticado debido a que amenaza con llevar a la corte algo que… perdió en la corte.

Pero lo que llama la atención de este mensaje es que está escrito sólo en mayúsculas: es decir, GRITANDO (según las convenciones de Internet).

Al presidente le enojó, y mucho, la resolución de la corte y no dudó en manifestar ese enojo a través de su cuenta de Twitter.

Pregunta: ¿Cuándo fue la ultima vez que viste a un presidente enojado? ¿te acuerdas de alguna imagen de Obama o Felipe Calderón haciendo un coraje?

Esta es una realidad que cualquiera que haya trabajado cerca de la figura de poder sabe a ciencia cierta: el presidente nunca se enoja. Nunca demuestra -por lo menos en público- enojo o frustración. Nadie puede ver enojado al líder.

Ese trabajo, el de enojarse, es del gabinete, del secretario de gobierno (en el caso de nuestro país) o del titular de la secretaría involucrada. Ellos son los encargados de enojarse o regañar. El presidente siempre deberá de mantener esa imagen de estar por arriba del resto de los mortales. De no ser llevado por sus instintos y de mantenerse con cierta superioridad tanto emocional como intelectual.

¿Por qué?

En una primera impresión el enojo de una figura de poder puede parecer lógica y normal; puede aparentar compromiso o solidaridad pero a final de cuentas la gran mayoría termina viendo ese enojo como una manifestación de debilidad.

Es por ello que tanto se ha criticado el uso que da Trump a su cuenta de Twitter; se comporta como un adolescente que, en plena marea hormonal, se enoja, regaña, critica, trolea y hasta se mofa de terceros.

A través de la red social el presidente pierde esa aura que el poder requiere para transformarse en un “tuitero” más, cosa que no es compatible con el cargo que detenta.

Pero además fomenta un círculo vicioso: Al ser tan sensible a la crítica se mete a “dar de patadas” a uno de los ecosistemas más violentos (en el plano verbal) que la humanidad haya jamás creado. No es raro que la mayoría de los mensajes de la infinidad de gente que responde sean críticos de forma brutal.

Haciendo enojar aún más al presidente.

En este caso hay que aplicar el viejo adagio: “El que se enoja, pierde”.

Por cierto, entre las miles de respuestas también Hillary Clinton se subió al tren; de forma lacónica no dudó en burlarse del ejecutivo haciendo alusión a la votación unánime de los tres jueces en contra de la orden ejecutiva:

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