Twitter es una red social que, a pesar de tener un enorme número de usuarios, aún no se ha consolidado como negocio al nivel de Facebook u otras plataformas.
Dada su naturaleza se presta muy poco a la interacción por lo que su principal uso es el de dar a conocer información de manera inmediata. En las redacciones modernas la frase “ya lo publicó en su Twitter” es el equivalente de “ya fue confirmada la noticia.
Declaraciones políticas, lanzamientos de nuevas producciones cinematográficas, jugadores que cambian de equipo -entre muchas más- son el tipo de noticias que se dan a conocer en Twitter gracias a la inmediatez que ofrece; lo ideal es siempre tener una lista con las principales fuentes de nuestros intereses para así estar informado de la mejor manera.
En Estados Unidos, hace más de ocho años, fue Barack Obama el primer presidente de ese país que utilizó la red social de manera intensiva. Para el mandatario se transformó en una auténtica herramienta de comunicación directa con sus gobernados. No sólo un medio de entrar en contacto si no también una forma de “medir la temperatura” de los gobernados.
Sin embargo, no fue éste el único que supo sacarle jugo a la red social. Donald Trump vivió los ocho años del gobierno de Obama emitiendo tweets muy críticos y ácidos contra la presidencia; desde el cuestionamiento de su nacionalidad pasando por todos los aspectos, desde el tipo de mostaza favorito hasta su “descuido” de la agenda presidencial por ponerse a jugar golf.
Por cierto, muchos de estos mensajes ya están siendo usados en contra del propio Trump, pero esa es otra historia.
Desde el inicio de su presidencia Donald Trump se ha dedicado a tuitear de manera aún más agresiva sabiendo que, por su posición, sus mensajes tendrían más relevancia y esto ha sido un auténtico desastre.
Ha atacado e insultado a políticos y periodistas; ha contradicho a sus propios colaboradores; ha tergiversado la política exterior de su país y ha puesto en entredicho su propia estabilidad mental.
Una de las labores más difíciles que ha tenido su equipo de comunicación es la de justificar los mensajes que escribe a veces en horarios muy extraños.
Este fin de semana que recién pasó la cuestión de los tuiteos presidenciales alcanzó un inusitado nivel de ridiculez cuando, luego de criticar de manera brutal a dos presentadores de la cadena CNN, subió un video en el que se veía al propio Trump golpeando a una persona cuya cabeza había sido ocultada por el logotipo del canal de noticias.
Una clara alegoría a su supuesta lucha en contra de la cadena.
El video original se grabó en 2007 durante el evento WrestleMania XXIII en el que el futuro presidente de los Estados Unidos hizo una aparición -la verdad es que no me metí mucho a ver las razones por las que estuvo ahí-, y como se acostumbra en ese tipo de eventos, terminó agarrándose a golpes con otro individuo. Por supuesto que todo fue actuación -y muy mala- como ocurre en la lucha libre.
Ocurrió que algún fanático del presidente subió a Internet el video editado en el cual había sustituido la cabeza de aquel individuo por el cuadro rojo de CNN:
#FraudNewsCNN #FNN pic.twitter.com/WYUnHjjUjg
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 2 de julio de 2017
Al presidente le gustó y decidió publicarlo en su propia cuenta de Twitter. Este es el nivel que maneja el primer mandatario de Estados Unidos.
Mientras que los fanáticos y el equipo de Trump así como los principales republicanos simplemente hicieron mutis al respecto, el resto de de la tuitósfera y la oposición pusieron el grito en el cielo (de manera justificada, diría yo).
La relación de Trump con la prensa ha llegado, en tan sólo unos pocos meses, a niveles de enfrentamiento nunca antes vistos en ese país. El presidente no duda de calificar de mentiroso y falso a cualquier medio que reporta algo que no le gusta.
Sin embargo esto ha llegado a un nuevo nivel; en pocas palabras, el presidente está justificando la violencia en contra de los medios -y los reporteros- que no se ajusten a “su” realidad. Para el presidente de Estados Unidos -el líder del mundo libre, paladín de las libertades- piensa que está bien golpear y actuar de manera violenta contra un medio que no lo adula.
Esto coloca al ejecutivo al mismo nivel de cualquier dictadorzuelo del tercer mundo; denigra a la institución presidencial y pone en evidencia la capacidad política de Trump.
Este pleito con los medios de comunicación podría ser, a final de cuentas, su propia némesis.
Al tiempo…