En un país como el nuestro, donde el “espectáculo” electoral es recurrente, podemos decir que no pasa año sin que tengamos un proceso conflictivo o, por lo menos, controvertido.

Digo esto porque, aunque apenas nos “recuperamos” del proceso electoral en varios estados (con mención honorífica a Veracruz y Chihuahua), los partidos ya se están preparando para el conflicto que viene.

Sin duda vivimos en un país en donde “los tiempos políticos” son todos los tiempos.

Y es que ahora estará en juego una de las entidades más importantes en cuanto a población, presupuesto y votantes: El Estados de México; ¿sabías que es el estado que más diputados federales tiene?

Los panistas vienen de un proceso que los dejó “rozando” el cielo; triunfaron en varios estados y un nivel de votación que no alcanzaban desde la década pasada. Lograron la alternancia de poderes en estados en los que nunca había ocurrido y se sienten capaces de dar la gran vuelta en el EdoMex.

Sin embargo, esta entidad siempre ha sido uno de los grandes bastiones del priismo y cuna de priistas de altos vuelos entre los que se encuentra, por supuesto, el actual presidente. Las redes políticas tricolores mantienen un poder real muy fuerte y será muy difícil sacarles de la bolsa lo que consideran un patrimonio particular.

El perredismo, por su parte, es fuerte en algunas zonas conurbadas a la Ciudad de México, pero no con la fortaleza necesaria sobre todo en esta época en que el Sol Azteca se encuentra en franca recesión y sin un liderato visible.

Los que seguro van a llegar a darle toda una nueva dinámica a todo el proceso serán los de Morena que han demostrado una fuerte presencia y una gran capacidad de convocatoria en las zonas populares de la vecina capital. Su presencia en los municipios conurbados sin duda se dejará sentir.

Otro factor a tenerse en cuenta son las dichosas alianzas que en el pasado proceso les dejaron a algunos la sensación de no haber perdido todo.

Es indudable en esta época tan revuelta y con un “malhumor” social que ya raya en un franco descontento, éste muy bien podría ser un termómetro de lo que podría ocurrir dentro de dos años cuando salgamos a las urnas a elegir nuevo presidente.

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