Hace apenas unos días hice una reflexión sobre la caída -estrepitosa- de la popularidad presidencial.

Es curioso, pero muy ejemplificador, de lo volátil que pueden ser tanto los tiempos políticos como el ánimo de la ciudadanía.

Bastó apenas unos pocos días de gestión del flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que los mexicanos diéramos un giro radical a nuestra percepción de las cosas así como al apoyo al gobierno.

Luego de que el magnate venido a político anunciara que el muro comenzaría a construirse la mayoría de los sectores se manifestaron en contra de un encuentro entre ambos mandatarios. Esto fue confirmado por el propio presidente Enrique Peña Nieto quien, al igual que Trump, utilizó su cuenta para dar a conocer que cancelaba la cita.

La noticia le dio la vuelta un mundo. La mayoría de la comentocracia internacional se encontraba expectante sobre la forma en que reaccionaría nuestro país ante el bullying, por lo que la negativa se transformó en la primera acción de resistencia en contra del presidente estadounidense.

El “pequeño” México se había plantado ante el matón y había salido fortalecido.

Fue una especie de “tienta”, como cuando los pugilistas intercambian fintas para ver cómo reaccionará el otro.

Hay que decirlo: el presidente mexicano salió airoso de esa primera prueba y, como por arte de magia, los mexicanos nos olvidamos de izquierdas o derechas, de rivalidades políticas y hasta de la gasolina.

La agresión externa logró una cohesión que -como ya lo dijo Carlos Slim- no se veía desde la época del terremoto de 1985 en este país.

Los nuevos números del presidente marcan un franco crecimiento -sin ser este de presumir, pero crecimiento- y un sexenio que ya muchos dábamos por “desperdiciado” acaba de recobrar un poco vida.

Definitivamente es una clara muestra de cómo pueden variar los horizontes políticos ante fenómenos externos e internos y de cómo puede cambiar la opinión pública.

Creo que este sexenio está ante una nueva oportunidad de salvar la cara. Es momento de ver si el gobierno de Enrique Peña Nieto ha aprendido algo de los errores que ha cometido y aprovecha esa experiencia para terminar su período con los cambios y las mejoras que todos esperamos.

De manera casi milagrosa el escenario está puesto para remontar… sólo falta ver si lo van a aprovechar.

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