Aunque todavía no es oficial, el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del Instituto Electoral del Estado de México, ya dio la victoria a Alfredo del Mazo, candidato a la gubernatura del PRI.
Las acusaciones de fraude ya se dejaron venir y, como si fuera un enorme deja-vu a nivel nacional, el clamor de “casilla por casilla” ya se escucha.
A pesar de todo lo que se diga, los resultados en el Estado de México son lógicos: el PRI flexionó su músculo y demostró que -por lo menos en esa entidad- tiene estructura y ésta fue utilizada a marchas forzadas el pasado domingo. Aunque fue por unos tres puntos, los tricolores mantuvieron un bastión que no han soltado desde que comenzó la época de la alternancia.
Lo que si fue sorpresa fue el repunte del candidato del PRD, Juan Zepeda quien llevó a su partido desde una anunciada muerte clínica hasta un bastante respetable 18% que ni el PAN pudo lograr.
Este porcentaje seguro debe de traer loco a más de un morenista pensando en lo que hubieran podido lograr en caso de haber enamorado a los perredistas. Si les hubieran hablado “por las buenas” tal vez un parte de ese 18% hubiera caído en sus arcas (¡sólo necesitaban 4!) y la historia sería otra.
Mucho ojo, la victoria priista tampoco es cosa para celebrar. El porcentaje de votación logrado está muy por abajo del proceso de hace seis años, Eruviel Ávila logró el 64% de los votos en 2011. Eso es un foco rojo muy importante para el tricolor ya que, de ser un partido mayoritario, este año apenas la tercera parte del electorado mexiquense votó por ellos.
Tal como se esperaba tendremos un circo post-electoral aunque es difícil que el resultado se revierta.
Los cuatro partidos principales tendrán que hacer una evaluación a fondo de lo que ocurrió en el Estado de México si quieren tener -y mantener- la relevancia en las elecciones del año que entra.