Dentro de la gran indignación que causó el doble “Hoy no circula”, que le cayó a los habitantes dela Ciudad de México como una auténtica maldición, uno de los factores que incrementaron ese descontento fue el caso del incremento de tarifas de Uber.
Durante el último año Uber se había transformado en una empresa amada: por el tipo de servicio, por las tarifas y por el trato, el capitalino promedio se había enamorado de un sistema que dejaba a los taxis tradicionales en calidad de parias.
En redes sociales fue trending topic y muchos manifestaron como una especie de antesala al primer mundo la llegada del servicio a la ciudad de México. De la misma forma nos encargamos de repudiar a los taxistas tradicionales cuando estos protestaron por la llegada del servicio. “Qué se adapten o que mueran” pensamos la gran mayoría.
Cuando el fantasma del “Hoy no circula” regresó a estas sufridas tierras parecía lógico que, en el momento que el 40% de los autos fueran “castigados”, la mayoría de estos usuarios acudirían a su bien amado Uber.
Sin embargo, Uber, como muchos otros servicios, está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda y ese día, en que el número de usuarios se incrementó, las tarifas también lo hicieron.
El descontento se transformó en furia cuando nos enteramos de las cantidades exageradas que muchos pagaron por el servicio. El bien amado Uber se transformó desde “el servicio de primer mundo que esta ciudad necesitaba” en “una caterva de abusivos que aprovecharon una situación problemática a su favor”.
Los capitalinos fuimos “desengañados” y Uber cayó de nuestra gracia.
Hay que decirlo. Nunca hubo engaño ya que el sistema del servicio siempre muestra el precio ANTES de contratarlo, por lo que decir que fue abusivo es una auténtica mentira.
Lo que si hubo fue una total y absoluta falta de previsión por parte de la directiva del servicio. Era obvio que la demanda se incrementaría y, detrás de esta, las tarifas. Fue un gravísimo error no detenerse a pensar en ello y tomar las medidas pertinentes.
Cabify, el único sistema más o menos parecido a Uber, presentó antes del día de la contingencia una serie de descuentos destinados a promover su servicio durante las fechas de vigencia del “Hoy no circula” (que siguen funcionando, por cierto) y se transformaron en héroes.
Por su parte Uber intentó paliar el daño recibido con una serie de descuentos y promociones (publicados en su blog oficial) sin embargo el daño ya estaba hecho.
La imagen de Uber sacando provecho de una situación que afectó de forma directa a la vida diaria de sus clientes ya es muy difícil de quitar.
No cabe duda: para pasar del cielo al infierno basta una mala decisión. La pregunta ahora es: ¿Recuperaremos la confianza en Uber?