Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se estaban llevando a cabo las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. El gobierno tenía todo el interés del mundo en que el acuerdo comercial se concretara por lo que creó una campaña de apoyo que inundó todos los medios de comunicación.

Nos vendieron la idea de que el Telecé (así le decíamos entonces) era la panacea, la solución a todos nuestros problemas, el boleto directo al primer mundo y al desarrollo. A decir del gobierno, el principal beneficiario del tratado sería México -y los mexicanos-.

Por supuesto que el dichoso TLCAN también era motivo de sesudos análisis y de innumerables conversaciones de sobremesa. Quizá una de los comentarios que más recuerdo de esa época fue hecho por un amigo cuya opinión yo respetaba mucho:

—¿Tú crees que los gringos apoyarían un acuerdo comercial que no les conviniera?

Estamos hablando del país de los que tumban gobiernos que “les hacen el feo”, de los que invaden naciones por sospechas de armas de destrucción masiva no confirmadas. ¡Uno de sus grandes estadistas afirmó que “Estados Unidos no tenía amigos, sino intereses”!

Es por ello que ahora, que el tema del TLC está de moda otra vez, recuerdo aquellas palabras.

No importa lo que ocurra a nivel “gente de la calle”, lo que les pase a los trabajadores que perdieron sus puestos debido a que sus empresas se trasladaron a México. Lo que realmente importa aquí -a los altos niveles- son las grandes empresas.

Y esos son los intereses que le convienen a Estados Unidos porque a final de cuentas en ese país quien realmente gobierna es el capital. Son las corporaciones quienes patrocinan campañas y ponen representantes así como gobernadores.

A pesar de lo que digan los populistas sobre el sufrimiento de la gente de la calle, a final de cuentas las grandes ganancias del TLCAN son exclusivas de estas grandes empresas quienes no tienen ninguna intención de cancelar un tratado que tantos beneficios les está generando.

¿Cambiarlo? ¿Modernizarlo? Si, seguro, pero siempre en sus intereses a pesar de que en la Casa Blanca aparente estar por lo contrario.

Así que no hay motivos de preocupación, el TLCAN no será revocado, sólo será ajustado a los intereses actuales de las grandes empresas trasnacionales.

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