“Si sólo tuviéramos trabajadores legales, ciertas partes de esta industria no existirían”, esta es la voz de Harold McClarty, granjero de Kingsburg, localidad en el centro de California cuya primera industria es la del cultivo de alimentos.
De hecho, la zona central de California representa unos 35 mil millones de dólares de derrama económica anual generada por unas 7 millones de personas que viven en el lugar y trabajan en cultivos de duraznos, ciruelas y uvas. Se calcula que la mitad de las frutas, verduras y nueces de Estados Unidos son producidos ahí.
“si regresamos a esos ilegales -dice McClarty- sería un total desastre”.
Este es un artículo publicado por el New York Times; las autoras Caitlin Dickerson y Jennifer Medina, viajaron a través de esta zona californiana de alta producción de frutas para encontrar una de las ironías más grandes de nuestra era: texanos conservadores, dueños de estas granjas, votaron en favor de Donald Trump, al que le compraron la idea de “Hacer grande a América” pero que jamás creyeron que aplicaría las deportaciones de manera masiva.
La zona ya se había visto afectada por una constante disminución de mano de obra (que gana $11 USD por hora). Los raudales de gente necesitada de trabajo ya no llegan y los que quedan se están haciendo viejos. La segunda generación, nacida en Estados Unidos, busca trabajos mejor pagados en las ciudades.
Si las políticas de deportación se mantienen, la cosecha de este año podría perderse con la consiguiente crisis que no sólo afectaría a productores y consumidores de estos productos; la economía local se colapsaría.
Pero existe un segundo factor que podría afectar a la producción agrícola de California. En caso de que el TLCAN sufra cambios -o de plano se revoque- muchos de los productos que antes se exportaban a México se quedarían sin compradores, hundiendo aún más la economía.
Como ocurre de forma normal en los temas políticos, llega un momento donde las promesas de campaña se estrellan de forma brutal con la realidad. Con el agravante que esta es una realidad económica. El futuro de muchas personas, no sólo los inmigrantes legales en Estados Unidos, está en juego y hay que ver si toda esta gente -que tiene voz y voto- permanece pasiva cuando su propia forma de vida se vea amenazada.
Lectura recomendada; este artículo fue publicado apenas hace unos días y explora casos reales de personas que ya están sufriendo en carne propia las nuevas políticas.