No estamos hablando de los mexicanos que, según algunos, están malhumorados en las redes sociales; no estamos hablando de un conjunto de personas en un lugar determinado: un pueblo, una etnia o un grupo con características afines.
Estamos hablando de una muy buena parte del mundo: La gente está ENOJADA (así, con mayúsculas).
La gente está enojada con los políticos, con los integrantes del sistema, con quienes dicen conocer las formas de gobernar.
Están enojados con la clase política.
Esto muy bien puede explicar fenómenos como el Brexit, como el reciente “No a la paz” de Colombia, del avance de la derecha en vista a las próximas elecciones en Francia.
Eso es exactamente lo que pasó en Estados Unidos:
No importa su racismo y misoginia; no importa su evidente falta de tablas políticas o su cinismo a la hora de hacer negocios. Donald Trump es una persona que llega a retar al sistema, a decirle a la gente que él no forma parte de éste y que quiere renovarlo, tirar lo que hay para construir desde el suelo.
Supo descubrir sus miedos y sus preocupaciones. Supo definir cuál era su “enemigo” y cargó en contra de éste.
La gente, harta de un sistema cínico y corrupto (a pesar de lo maquillada que pudo estar Hillary), votó por alguien que, por lo menos, parece venir de fuera.
Alguien que por fin se acordaba de ellos.
¿Qué va a pasar ahora?
El pronóstico va del “algunos cambios” al “apocalipsis”. Si no se pudieron poner de acuerdo con los resultados, menos con lo que pasará durante la gestión de Trump.
Algo que es muy cierto es que el sistema estadounidense está diseñado con los suficientes contrapesos para eliminar la locura de un solo gobernante. El Partido Republicano no es cien por ciento trumpista y la gente tiende a darle la espalda a su ídolo tan pronto este muestre algo de tibieza a la hora de completar sus promesas.
¿Tiempos interesantes?
Sin duda alguna, como dice la maldición china, veremos cosas que nunca hemos visto. Dependerá de nosotros -como pueblo y como nación- definir nuestro futuro para sobrevivir al Huracán Trump y evitar que el fenómeno del enojo se repita en nuestro país.
Con las graves consecuencias que esto implica.