La Segunda Enmienda de la constitución de Estados Unidos garantiza el derecho de sus ciudadanos a poseer y portar armas. Esta legislación surgió directamente de la ley británica y fue concebida como una forma de defensa de los ciudadanos tanto ante un gobierno represor (como la monarquía de la que recién se habían emancipado) como ante cualquier individuo que intentara afectarlo de cualquier manera (estamos hablando de una época en que las fuerzas policíacas aún no estaban bien instituidas).
Durante muchos años esta segunda enmienda ha sido objeto de controversia en el vecino país y se ha transformado en una de las banderas del espectro más conservador y la politiquería lo ha hecho una causa que genera pasiones.
Sin lugar a dudas la facilidad para hacerse de armas en Estados Unidos es la fuente directa de la gran cantidad de tiroteos realizados por personas con las más diversas agendas y perturbaciones mentales.
Cualquiera puede acudir a una tienda de armas, o a una feria itinerante especializada, para hacerse de una. De la misma manera, el mercado de segunda mano es muy grande y tiene menos controles aún.
El pleito entre liberales y conservadores respecto a las armas gira en torno a la facilidad de hacerse de una de estas. Los primeros -por lo menos en su gran mayoría- no pretenden quitar las armas que ya tiene la población; tampoco quieren evitar su venta. La idea es la de controlar a los compradores, crear un registro de estos, evitar que personas con antecedentes penales o de enfermedad mental adquieran una.
La idea es la de evitar situaciones como la de la escuela Sandy Hook o la discoteca Pulse de Orlando. Tan sólo en este 2017 se han registrado ¡152 tiroteos masivos en el país!
Sin embargo, los conservadores atacan cualquier propuesta de este tipo alegando que cualquier legislación lo único que busca es quitarle las armas a los estadounidenses verdaderos.
Hay que recordar que el grupo más enamorado con sus armas son las personas de raza blanca que viven en comunidades rurales y semi rurales de alta marginación y pobreza. Una fuerza política sumamente poderosa si tenemos en cuenta las pasadas elecciones presidenciales.
Estas personas piensan que existe una verdadera agenda en contra de los valores estadounidenses y que el mundo entero está conspirando para quitarles su libertad. Es por ello que se aferran a sus armas como medio de protección. El tema de las milicias armadas en el vecino país merece todo un estudio sociológico.
Aunque el tema de las armas descansa mucho en los hombros de este segmento demográfico, la realidad es que el problema no son ellos, si no los individuos que en un momento de crisis “explotan” y llevan al extremos sus ideales con ayuda de armas de fuego.
El día de ayer un extremista-perturbado (con un largo historial de violencia y de ataques maniáticos en redes sociales) disparó en contra de un grupo de congresistas republicanos que practicaban para un tradicional partido de beisbol.
Este personaje, de nombre James Hodgkinson, se dio el lujo de preguntar primero la filiación de los representantes para después disparar y herir a cinco de ellos. Dentro de toda su locura, era fanático acérrimo del senador Bernie Sanders, connotado líder de izquierda.
La gran ironía aquí radica en que varios de los heridos durante el tiroteo votaron en contra de una reforma propuesta por el presidente Barack Obama para limitar las ventas de armas hace menos de un año.
Aún más irónico es el hecho de que Hodgkinson realmente creía que estaba utilizando sus sacrosantas armas para matar a un grupo de personas integrantes de lo que él consideraba un “gobierno opresor”.