El fantasma de la legitimidad se cierne sobre la presidencia.

Este título, que muy bien podríamos haber aplicado a ciertos gobiernos locales, de forma increíble ahora es tema en Estados Unidos y su flamante presidente electo Donald Trump.

Hay varios asuntos que ya están ensombreciendo una presidencia que aún no empieza. Como si de un oscuro presagio de lo que nos espera.

El primer tema es el voto popular: aunque el candidato republicano logró la mayoría de votos electorales, fue en el conteo de votos totales donde perdió. Últimas cifras señalan que son casi de dos millones de votos totales de diferencia entre él y Hillary Clinton.

Por supuesto que esto no puede abrir camino a cambios o alteraciones; ambos partidos han aceptado durante décadas un sistema muy particular y los demócratas jamás argumentarán este hecho. Sin embargo, el peso de la diferencia muy bien puede dar sustento a otro tipo de manifestaciones.

Para muchos, Donald Trump no tendrá legitimidad debido a la simple razón de que la mayoría de los ciudadanos no votaron por él.

Otro tema de legitimidad podría venir del propio sistema de votos electorales:

Aunque los demócratas no pueden exigir un cambio al resultado, existe una entidad que si podría hacerlo: los propios electores.

Cuando hablamos de un “voto electoral” en la práctica es una persona, un elector, al que se le encarga emitir dicho voto (cosa que se llevará a cabo el próximo lunes 19 de diciembre). Aunque algunos estados obligan a que, por ley, estos electores voten de acuerdo al resultado de la elección en su respectiva entidad, esto no aplica en todos los casos.

En algunos estados el voto tiene que estar de acuerdo con la conciencia del elector y, si éste detecta que el resultado de la elección podría llevar a una persona incapaz a la presidencia, tiene la facultad y el derecho de cambiarlo.

Aunque es muy difícil que se reúna un número suficiente de electores dispuestos a cambiar su voto, existe un movimiento por parte de varios de ellos que están dispuestos a emitir un voto contrario al de los resultados ya que no piensan que Trump esté capacitado para ser presidente.

El tercer tema que afecta la legitimidad es algo que comenzó como un rumor y algunos analistas ya están calificando como el 9/11 de la política.

Según una investigación de la CIA, existe evidencia que desde Rusia, existieron ciber ataques para minar la campaña de Hillary Clinton.

Los dichosos correos electrónicos, las noticias falsas o tendenciosas e incluso el intento de acceder a las cuentas de los miembros del equipo de la candidata demócrata, podrían haber sido un ataque orquestado por el propio presidente de Rusia en un afán de que la balanza se inclinara a favor de Trump, un hombre al que ve como manipulable.

Si a eso le agregamos que desde la campaña Donald Trump pidió de manera abierta que hackearan los correos de los demócratas…

A esta injerencia por parte de los Rusos se le puede agregar el hecho de que algunos miembros del propuesto gabinete podrían tener verdaderos lazos con el gobierno de ese país. Un conflicto de intereses en el que los negocios podrían prevalecer sobre los intereses del país.

Así que, poco más de un mes de la toma de posesión de Donald Trump, las acusaciones en su contra se juntan mientras él, alegremente, está conformando un gabinete con puros millonarios que en su momento contribuyeron a la campaña con su dinero.

Esto último es una mala noticia a la “gente común y corriente” a la que el magnate prometió proteger y ayudar.

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