Es un récord; nunca antes la Unión Europea había establecido una multa de estas dimensiones a una empresa. El órgano ejecutivo de ésta, la Comisión Europea, multó con $2,700 millones de dólares a Google.

¿La razón?

Dar preferencia a sus propios sitios de venta en las búsquedas realizadas por compradores.

Muy sencillo: a la hora de buscar una bicicleta -por ejemplo- sobre todos los resultados, Google pone en los primeros sitios sus propios servicios de compras (anuncios pagados por particulares que venden bicicletas) mandando a la competencia a lugares secundarios.

La multa incluye un lapso de 90 días para que Google corrija esta práctica.

Lo interesante de este asunto es que podría establecer un precedente para una serie de demandas contra la empresa que se están llevando a cabo también en Europa sobre varios servicios como el de mapas, el comparador de precios de vuelos y el listado de negocios locales.

Google supo crearse desde sus inicios una imagen de “no ser una empresa malvada” (en sus instalaciones se podía leer la frase “Don’t be evil”) mostrándose como un servicio que proporcionaba una serie de beneficios a la gente sin cobrar: correo electrónico, canales de video, el propio buscador así como un largo etcétera.

Sin embargo, esa “gratuidad” se paga de otra manera: los usuarios entregan a Google -a veces sin saberlo- la información sobre sus perfiles sociológicos y de comportamiento. Esto es el Santo Grial de la publicidad: tener el conocimiento y la capacidad de segmentar a millones de usuarios en intereses, gustos y necesidades. La posibilidad de mostrar anuncios específicos a personas que buscan determinadas cosas. La capacidad de presentar productos y servicios que se ajustan a los intereses particulares de cada persona.

¿Has visto los anuncios que aparecen en la parte superior de la página de búsqueda?

Estos están diseñados específicamente para aparecer según lo que el cliente potencial está buscando, pero también pueden ser orientados a edades, sexo, ámbito sociológico y ubicación geográfica.

Si a Google un cliente le solicita mostrar un determinado anuncio a mujeres de 35 a 44 años de edad que vivan en el estado de Morelos que estén preocupadas por la seguridad de sus hijos y tengan como prioridad la atención de su familia, el buscador puede hacerlo.

Esa es exactamente la “maldad” de Google.

Es obvio que, si ellos son los dueños del balón, de la cancha y del estadio, pues lo van a utilizar según sus intereses que son los de dar prioridad a los clientes que pagan por publicidad y que han transformado a Google en una de las empresas más exitosas de la historia.

Esta multa puede parecer mucho, pero está restringida a un solo servicio de Google y a una zona geográfica específica.

¿Qué va a pasar con Google?

Quizá en un futuro cercano nada, sin embargo, cada vez son más las demandas, las acusaciones de monopolio y, este tipo de antecedentes, pueden convencer a gobiernos y legislaciones para comenzar a acotar algo que en la práctica ya es un monopolio.

Tal vez haya que recurrir a ejemplos del pasado como los de American Telephone and Telegraph o la Standard Oil.

Sin duda alguna éste es un caso muy complicado para legislar en un mundo donde la tecnología se hace cada vez más ubicua.

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