Fue nota de esta semana el hecho de que un niño de 11 años, Juan David Hernández habitante de Matamoros, Tamaulipas, inventara una mochila antibalas.
Preocupado por los constantes tiroteos en su ciudad, ideó una mochila con una placa de acero que contiene, además, una alarma anti robo y un GPS que se enlaza al teléfono celular de sus padres para casos de peligro o secuestro.
Este invento fue presentado en la feria Expociencias 2016.
Por una parte, la positiva, es de alabar la creatividad y la inteligencia de un niño que dedica parte de su tiempo libre a desarrollar un invento. La famosa creatividad mexicana de la que tanto presumimos.
Sin embargo el lado oscuro es sumamente deprimente.
¿Qué tan enferma tiene que estar una sociedad para que un niño de 11 años dedique parte de su tiempo libre a inventar un dispositivo para sentirse más seguro en su ciudad?
¿Qué tiene que haber visto en la calle, mirado en la TV o Internet?
¿Cuál es su situación emocional y sus angustias?
Sin duda alguna un fuerte llamado atención -uno más- sobre la realidad que viven nuestros niños día a día.