Sin lugar a dudas esta es la nota que acapara los titulares y los espacios noticiosos de esta semana es el texto escrito por Kate del Castillo y publicado por la revista Proceso en el que narra las razones y la forma en que conoció a Joaquín “El Chapo” Guzmán y del viaje que realizó a México, acompañada de Sean Penn, para conocer al narcotraficante.
El texto es una narración en primera persona de los avatares de la actriz y de cómo, según ella, un simple tuit -y la carta abierta anexa a éste- fue el detonador de los diversos eventos que la llevaron a entrevistarse con El Chapo.
La narración es simple, directa, y en ella del Castillo nos muestra varios aspectos de su propia realidad: la soledad en la que vive, su amor a México (y al tequila) así como parte de sus creencias y sus miedos.
La actriz insiste mucho sobre su deseo de ser parte del cambio para lograr un “México mejor”, trabajando, utilizando su voto -como flamante ciudadana estadounidense- para votar por políticos que ayuden a sus sufridos paisanos y exhortando a gente como El Chapo para utilizar su “gran poder” para el bien de nuestro país.
En el transcurso de la crónica leemos a una mujer más bien ingenua que sin proponérselo, tocó una fibra muy sensible no sólo en muchos mexicanos si no en el “hombre más buscado” que fue quien comenzó las labores de acercamiento.
Esa llamada de atención la llevó desde ese Olimpo que era su vida de actriz de primer nivel con la capacidad de rentar un avión sólo para viajar desde Miami hasta Toluca y conocer a quienes “le hacían una propuesta”, hasta lo más sucio y tergiversado de la política mexicana.
El texto de del Castillo comienza con una apología a la libertad de expresión y es ésta, según argumenta, lo que la llevó a realizar todo en aras de crear-producir la auténtica historia del narcotraficante.
Justifica su vilipendiado papel en los hechos como parte de un interés muy personal de ser parte de la solución de los problemas del país.
Sin embargo llama la atención la forma en que evoluciona el texto hasta llegar al punto donde la actriz, acompañada de Sean Penn, se encuentra con El Chapo. Se olvida de los detalles, se olvida de la justificación que la llevó desde los ricos suburbios de Los Ángeles hasta una localidad perdida en Sinaloa para sentarse a platicar y tomar tequila.
En un momento reconoce que la bebida hizo efecto y que de hecho no pudo llegar a la cama que le habían asignado ante la preocupación de sus acompañantes.
¿En serio?
¿Toda la épica cruzada en pro de un mejor México y de convencer a un criminal que utilizara su fuerza por el bien termina en una noche de copas en la sierra?
Es bueno conocer la versión de Kate del Castillo. Arroja mucha luz en varios temas, como la forma y la razón por la que los abogados de Guzmán la contactaron así como de su encuentro con el narcotraficante.
Por supuesto que la captura de El Chapo vino a cambiar todo el plan. Aunque él quiera seguir adelante con el proyecto, éste difícilmente verá la luz debido a las múltiples restricciones abiertas y encubiertas de un gobierno agraviado y ridiculizado por la reciente fuga.
Sin embargo la pregunta sigue siendo la misma:
¿Es justo acusar a Kate del Castillo de algún tipo de complicidad con el narcotraficante debido a estos acercamientos? O, por lo contrario ¿debemos justificar e incluso aplaudir el intento de transformar a Guzmán en una especie de Robin Hood?
Lo que sigue siendo cierto es que El Chapo Guzmán no es, definitivamente, un héroe, y Kate del Castillo mucho menos una periodista.