Para nadie es un secreto que la Ciudad de México parecía estar toda en construcción.

Desde Polanco y el corredor Roma Condesa la fiebre de nuevas edificaciones se había trasladado a la colonia del Valle y se estaba expandiendo a la Narvarte, Portales, Álamos y muchas otras en la Ciudad de México.

Colonias que parecían olvidadas, como la San Miguel Chapultepec, San Pedro de los Pinos y muchas otras estaban comenzando a tener una “gentrificación” o sea, el acto de transformar una zona de la ciudad de clase media o incluso media-baja en un enclave de clases más altas.

Sitios muy arreglados con modernos edificios donde hordas de hípsters con curvos bigotitos pasean miniperros y abarrotan supermercados orgánicos y cafeterías.

¡Estaban transformando la urbe en una inmensa colonia Condesa!

Sin embargo, el sueño terminó.

La Ciudad de México acaba de ser golpeada de la peor manera y son precisamente estas colonias las que han sufrido del peor embate.

Cientos de edificios destruidos o dañados y miles de personas que han perdido su patrimonio.

¿Los responsables?

Pues van desde autoridades que obviaron reglamentos hasta desarrolladores que hicieron “todo” por llevar adelante proyectos que tal vez no cumplían con especificaciones o que de plano violaban reglamentos.

Cada caso debe de ser analizado para determinar responsabilidades y así iniciar acción legal.

La nueva legislación nos permite procesar a los responsables de aquellas empresas constructoras y, si son culpables, hacer que cumplan con su castigo.

De la misma manera urge revisar el actual reglamento de construcción y la forma en que este se aplica. Eliminar corrupciones y defectos para que, la próxima vez que tengamos un evento como el del pasado 19 de septiembre, nuestra ciudad no se vea afectada de tal manera.

¡Es urgente!

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