Estamos a horas de que la flama olímpica sea encendida en Río de Janeiro en lo que podrían ser los juegos olímpicos con peores perspectivas de la historia moderna.

Mientras que en otros juegos a estas alturas lo normal era escuchar notas positivas y con altos grados de optimismo, en el caso de Río de Janeiro las cosas no parecen así.

Cuando los juegos fueron designados a la ciudad brasileña todo era positivo: el país era tenido como un “milagro” latinoamericano y el gobierno de Lula Da Silva era percibido en ese entonces como uno de los más exitosos en el mundo: era la promesa que llevaría -finalmente- al coloso sudamericano al desarrollo y el progreso.

Al día de hoy ese gobierno yace enterrado bajo el desprestigio y la mentira. La sucesora, Dilma Rousseff, fue prácticamente echada a patadas en medio de un escándalo y una crisis económica que lo único que hace es confirmar que el famoso milagro fue un simple espejismo, una puesta en escena que engañó a todo el mundo.

El reflejo de esta realidad se da en las calles de Río de Janeiro donde la pobreza en las favelas sigue siendo una rampante y cruel realidad ante el enrome gasto que ha representado la creación de la infraestructura olímpica.

Pero además de las perspectivas de violencia por el descontento social ante el evento, es en los propios juegos donde la crisis también podría generarse: la delegación australiana se ha negado firmemente a hospedar a sus deportistas en la villa olímpica. ¿La razón? No es segura ya que las instalaciones eléctricas están a la vista, escurre agua de las paredes y del drenaje, hay malos olores e incluso -afirmaron- se detectó gas.

Pero el listado de “defectos” no termina ahí, en las aguas de la bahía donde se realizarán algunos eventos se han detectado factores patógenos; existe la amenaza del zika, algunas de las sedes no están terminadas al cien por ciento además de que el hecho de transportar tanto a turistas como deportistas a través de las abarrotadas calles de Río de Janeiro podría transformarse en una pesadilla.

Todo está servido para el desastre.

Sin duda alguna todo un reto para sacar adelante los juegos. Veremos, los que tengamos televisión de paga ya que para las “abiertas” el evento ni siquiera existirá, si es posible lograr un resultado que cumpla con las expectativas de todo un planeta o si el evento se transforma en una pesadilla.

Lo que si es seguro es que estamos por ver uno de los eventos deportivos más complicados y más controvertidos.

Esperemos que todo salga de la mejor manera posible.

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