lord.jpg_594723958Una persona es golpeada por los “guaruras” del dueño de un Ferrari y el evento queda grabado en video que no tarda en transformarse en trending topic en redes sociales. Desde ahí el enojo de los ciudadanos de “a pie” (la gran mayoría) fluye en oleadas de enojo.

Las autoridades intervienen y al poco tiempo nos enteramos de que el #LordFerrari debe dinero al fisco y el auto no está regularizado.

La ley se aplica, el auto es retirado y se levantan cargos en contra de un empresario que, ahora descubrimos, opera al margen de la ley y es conocido por diversos fraudes.

El tiempo pasa y el esquema se repite casi de manera exacta: esta vez en Metepec, Estado de México, los guardaespaldas del propietario de un Rolls Royce golpean a otro pobre mortal que se atrevió a cruzarse en su camino.

De nuevo, la furia en redes sociales desata una serie de investigaciones que concluyen que el #LordRollsRoyce también tiene una carrera de fraudes y tráfico de influencias.

¿Por qué tenemos que enterarnos así?

Está bien que las autoridades investiguen este tipo de irregularidades y que apliquen la ley cuando así sea necesario, pero… ¿Tenemos que esperar a que estos sean expuestos por las redes sociales para que comiencen a actuar?

¿Cuántos #LordLoQueSea circulan por las calles de nuestro país sin llamar la atención, que sus guaruras no golpean a nadie, pero quecuentan con una larga lista de irregularidades y delitos?

El actuar de la justicia debe de ser una actividad continua e investigativa; no se puede esperar a que alguien se ponga en evidencia para, entonces, comenzar a investigar.

Sólo así tendremos una mejor sociedad.

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