Con la crisis económico, y la inminente alza de precios, el clamor ciudadano se ha centrado en los gastos del gobierno al grado que algunos integrantes del aparato gubernamental decidieron limitar presupuestos y cancelar proyectos -el INE echó para atrás el elefante blanco que pretendía construir con mil millones de pesos-.
Y es que es lógico que la población exija compromiso a un gobierno que pide sacrificios, pero sigue recibiendo desde millonarios aguinaldos hasta modernos equipos telefónicos a costa del erario.
Una de las principales fuentes de crítica es el poder legislativo y en particular los diputados y senadores “plurinominales”: Nadie los escogió, nadie votó por ellos, parece que llegan a sus puestos gracias a la fidelidad partidista y la buena puntería política. Por supuesto, es el sentir general, que sus intereses no son los ciudadanos.
Voy a cambiar un poco el sentido de este escrito:
¿Te imaginas una cámara de diputados y de senadores constituida EXCLUSIVAMENTE por miembros del PRI?
Pues eso es exactamente lo que ocurría en el México de los años setentas, en el México de José López Portillo. Un México donde el PRI era la única fuerza política, donde los partidos de oposición eran simples espectadores que, si acaso, lograban una oscura presidencia municipal o un escaño solitario.
En 1977 el presidente López Portillo envió al congreso [mero trámite, por que todos y cada uno de los legisladores le debían el puesto a él] una reforma política, fruto de la visión de Jesús Reyes Heroles y que sería la semilla del sistema partidista que vivimos hoy.
Aquella nueva legislación creaba la Comisión Federal Electoral (antepasada del INE), sacaba de la clandestinidad a los partidos comunistas, abría los tiempos oficiales en medios, pero quizá su logro mayor fue la creación de la figura de legisladores plurinominales.
Como en ese entonces (al menos en teoría) nadie votaba por otro partido, se transformó en una forma de que los partidos de oposición accedieran al legislativo el cual aumento de 183 diputados a 400.
En 1979, en las elecciones intermedias por primera vez se tuvo una presencia real de la oposición en la cámara de diputados: el PRI 296 diputados, el PAN 42 diputados, el Partido Comunista Mexicano con 18 diputados, el PPS con 12 diputados, el Partido Socialista de los Trabajadores con 12 diputados, el Partido Demócrata Mexicano con 10 diputados y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana con 10 diputados.
En aquella legislatura TODOS los diputados de la oposición fueron plurinominales.
Fue gracias a esa reforma, y gracias a la figura de diputados plurinominales, que por primera vez en el México postrevolucionario tuvimos una cámara de diputados más diversa y, aunque el PRI era todavía una abrumadora mayoría, la vida parlamentaria plural comenzó a tomar forma en nuestro país.
40 años después son estos mismos “plurinominales” los que causan controversia. Por supuesto que mucho ha cambiado desde épocas de López Portillo, desde la forma y el actuar de los distintos partidos hasta las posibilidades de estos de acceder al poder. Para muchas personas, que no tienen un recuerdo real de la época de un PRI hegemónico, no tienen una justificación.
De nuevo ha llegado al congreso la idea y al parecer los diputados están dispuestos a hacer algo al respecto. Tal vez la idea no sea la de eliminar a los plurinominales, sin embargo, ya se han manifestado a favor de disminuir al legislativo en número de integrantes. Quizá con menos plurinominales (relativamente).
Sin duda alguna, bajo la perspectiva histórica, el tema de los legisladores plurinominales no es tan tétrica como pudiera parecer a las nuevas generaciones sin embargo, como ya ocurrió en ese lejano 1977, puede que estemos -de nuevo- ante el momento de adaptarnos a tiempos donde la realidad política es muy diferente.