Alguna vez un profesor me dijo en la universidad:

La gran contradicción de este México de hombres machos, es que sus máximos ídolos son dos: un misógino y un homosexual“.

El misógino era Vicente Fernández, mientras que “el homosexual” era, obviamente, Juan Gabriel.

La muerte del cantante se da dentro de un clima enrarecido por una de las grandes controversias de este año: el debate sobre la aprobación de la iniciativa presidencial para reconocer -a nivel constitucional- el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Mientras que algunos legisladores tratan de evitar el tema aduciendo que “no está en la agenda” (pero eso sí, dedican minutos de aplausos a Juan Gabriel), la Iglesia Católica se moviliza y se transforma en la “Gran Ecuménica” para traer a su lado a otras confesiones.

Un congreso de conservadores religiosos.

El mensaje es contradictorio precisamente cuando todo México llora la muerte de su “Divo”. Un personaje que, aunque no lo declaró abiertamente, nunca dejó de manifestar su orientación sexual.

Sin duda la vida de Juan Gabriel fue una auténtica lucha para sobreponerse a los estereotipos, la intolerancia y la homofobia del México a finales del siglo veinte. Una lucha que culminó con su transformación en uno de los más grandes ídolos nacionales y que culminó con una muerte apoteósica.

El cantante ha dejado de ser el simple mortal, el “mariconcito”, para transformarse en una leyenda cultural, en un ícono de la mexicanidad, al mismo nivel de Pedro Infante o María Félix.

Y mientras tanto, los conservadores marchan por las calles de las principales ciudades tratando de imponer su propia moral…

Un México que no acaba de llegar a la modernidad… Un México que sigue siendo contradictorio.

Translate »