Trascendió en las noticias que, la semana pasada, la banda “Los Tigres del Norte” fueron multados por el ayuntamiento de la ciudad de Chihuahua.
¿La razón?
Interpretar las canciones “Camelia La Texana” y “Jefe de Jefes”, ambas rolas forman parte del canon del grupo (dicen los expertos) y no cantarlas es como pedir que, en un concierto de Paul McCartney, éste no interprete “Yesterday”.
La alcaldesa Maru Campos (del PAN) afirmó que “aquí en Chihuahua se cumple la ley”, además dijo: “El horno no está para bollos, estamos precisamente quejándonos de la inseguridad, de las adicciones, de la drogadicción y no podemos ver como aspiracional a esta gente que se cuenta en los narcorridos”.
Resulta que en ese estado existe una legislación sobre el tema que no permite que músicos y cantantes hagan, según ellos, apología del delito.
¿En realidad tenemos que preocuparnos por los jóvenes que escuchan estas canciones?
La lógica de este argumento va en este sentido: si alguien escucha estas canciones, se sentirá interesado por el asunto del narcotráfico. Podría generar deseos de ingresar al mundo del delito por culpa de una letra:
Soy el jefe de jefes señores
y mi nombre y mi fotografía
nunca van a mirar en papeles
porque a mi el periodista me quiere
y si no mi amistad se la pierde
Están más preocupados por corridos y canciones que por la marginalización, la falta de oportunidades, la violencia, las autoridades corruptas…
Una simple canción puede detonar en una persona y convencerla para meterse al brutal y violento mundo del narco; el entorno social, político y económico nada tiene que ver…
Saliendo de ironías, es increíble que nos preocupemos más por un simple concierto -con canciones que TODO mundo conoce- que por la brutal realidad que viven muchos de nuestros jóvenes.