El terremoto del pasado 7 de septiembre daño unas 60 mil casas y escuelas en los estados de Oaxaca y Chiapas. Ambos estados son, tradicionalmente, bastión de la pobreza en nuestro país y ahora enfrentan el reto de una reconstrucción.
Mientras tanto, en el centro, el INE aprobó el presupuesto para las elecciones de 2018, cifra que supera los 6,700 millones de pesos y que es el más alto en la historia de nuestro país.
Muchas voces ya critican este hecho: mientras una gran cantidad de personas padecen los estragos del fenómeno natural, los partidos se disponen a gastar ingentes cantidades de dinero en matracas, banderines y confeti.
Existen varias propuestas, algunas desde las propias filas de los partidos, que hablan sobre destinar parte de estos recursos para la reconstrucción y aunque por ahí hay un consejero que afirma que “no se puede” creo que muy bien sería una buena señal de visión y de conciencia el hecho de que los políticos se olviden de sus prerrogativas presupuestales para concentrarse en los ciudadanos más necesitados.
Que se olviden de inundar calles con basura, y que mejor ese dinero se destine a lo verdaderamente importante: mexicanos en graves problemas.
Señores políticos: anímense a hacer algo diferente, a gastar menos en campañas inútiles y más en sus compatriotas necesitados.
Es la oportunidad de oro para mejorar un poco la imagen de la cúpula política que está tan devaluada en estas épocas.