El tema de las armas sigue siendo uno de los que más polémica desatan en Estados Unidos.

Ya han sido muchos los tiroteos en los que civiles mueren por causa de una persona con serios desequilibrios pero que, sin embargo, tiene acceso a las armas personales más poderosas disponibles.

Esta semana volvió a los reflectores otro tipo de violencia, la policíaca en dos casos que, tristemente, dejan ver el estado de las libertades civiles en el vecino país.

El primero ocurrió en Baton Rouge, Luisiana, el pasado martes 5 de junio cuando Alton Sterling, un vendedor ambulante de CDs fue detenido por la policía local luego de que alguien lo reportó por tener una pistola.

Cuando este individuo fue reducido y colocado en el piso alguien gritó “tiene una pistola” por lo que los oficiales le dispararon estando en el suelo a pesar de que no estaba armado.

Prácticamente todo el mundo se enteró de los acontecimientos debido a dos videos publicados en YouTube donde los hechos son claramente visibles.

El segundo caso es el de Philando Castile apenas un día después, esta vez en  Falcon Heights, Minnesota quien recibió varios tiros de escopeta luego de haber sido detenido por una infracción de tránsito.

Cuando este hombre trató de sacar su cartera, el policía que lo había detenido disparó pensando que estaba buscando un arma.

Esta vez todo el asunto fue grabado por la novia de Castile quien se encontraba a bordo del vehículo -junto con su hija, una niña de 7 años-. Este material en video muestra que nunca hubo violencia por parte del detenido quien a pesar de haber sido llevado al hospital, murió por causa de los disparos.

Hay que resaltar que ambas víctimas eran afro-americanos.

Por supuesto que estos dos casos, los más recientes en una larga lista de abuso policial con tintes racistas, tienen en vilo a los estadounidenses quienes, una vez más, se encuentran en la vieja discusión sobre derechos civiles y prejuicios raciales.

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