Uno de los días más curiosos los que se viven en la ciudad de México este 22 de septiembre que, a nivel mundial, se considera el Día Mundial sin Auto, fecha instituida para hacer conciencia sobre el daño que hace el automóvil al medio ambiente.

Decía curioso porque es el día en que los portales electrónicos se encargan de presentar una serie de fotografías en las que es posible ver políticos de todos los colores y todos los niveles, llegando a su “chamba” en medios alternativos: desde vehículos eléctricos, pasando por la consabida bicicleta y algunos incluso a través del transporte público.

Una magnífica oportunidad para aparecer en los medios poniendo cara de compromiso y conciencia.

La pregunta que surge es la siguiente: ¿vale la pena?

Mas allá del consabido clamor popular de “la camionetota lo dejó a dos cuadras“, lo que hay que cuestionarle a los políticos es que se va a hacer -además de tomarse fotos con casco de bicicleta- para transformar esa utopía del “día sin auto” en una realidad para una ciudad con los muy graves problemas de tránsito y contaminación como la nuestra.

Que las millones de personas que sufren diariamente del transporte público obsoleto, abarrotado y decrépito tengan acceso a una opción digna de una ciudad, como la nuestra, que pretende ser grande e incluyente.

Que la gente que diariamente se tiene que soplar horas de agresivo tráfico para llegar a sus trabajos y de vuelta a sus hogares tengan una verdadera opción cómoda, limpia y que brinde un servicio digno que los haga repensar la idea de tener auto propio.

Que la idea detrás del Día sin Auto se transforme en una verdadera opción que vaya mucho más allá de un sólo día y se transforme en una opción real.

Mucho más allá de la foto por conveniencia.

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